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A 39 años del hallazgo de Roberto Calvi colgando de un puente en Londres, nadie sabe quién mato al “banquero de Dios”

El 18 de junio de 1982, Roberto Calvi colgaba de un puente de Londres, abriendo paso a uno de los casos más enigmáticos de la historia criminal italiana.

Calvi era conocido como “El banquero de Dios”, sobrenombre que le había tocado por los estrechos vínculos que tenía con las finanzas vaticanas.

Calvi dirigía el Ambrosiano, un banco italiano fundado en 1896 y que el propio Calvi condujo hacia un derrumbe estrepitoso.

El presidente del Banco Ambrosiano, el italiano Roberto Calvi. Foto: EFE

El presidente del Banco Ambrosiano, el italiano Roberto Calvi. Foto: EFE

El Ambrosiano tenía estrechos vínculos con el Instituto de Obras de la Religión (IOR), el banco del Vaticano, cuyas finanzas administraba.

El 18 de junio de 1982, Calvi, milanés y por entonces de 62 años, fue encontrado colgado de una horca en un puente de Londres, en lo que se creyó que se trataba de un suicidio.

Calvi, el trapecista

El banquero no era un atleta. Apareció pendiendo de una soga al cuello en un andamio de tubos de acero que había debajo del puente. Le habían afeitado el bigote y en sus bolsillos tenía un par de ladrillos y 15.000 dólares.

Un empleado de correos lo vio esa mañana mientras se bamboleaba y llamó a la Policía. La primera versión fue de suicidio. Pero eso suponía que Calvi se había movido como un trapecista hasta llegar al andamio, ponerse la cuerda y los ladrillos, lo dólares, y lanzarse al vacío.

Cadáver de Roberto Calvi. Foto: archivo

Cadáver de Roberto Calvi. Foto: archivo

Esta fue la versión oficial que resistió varios años, en medio de las protestas y las investigaciones privadas, incluidos los detectives contratados por la familia, que señalaban que semejante ejercicio gimnástico del “suicida” era imposible.

Estrangulado

En 2003, los magistrados italianos afirmaron que Calvi fue estrangulado en una obra en construcción cercana al puente, llevado en un bote hasta el andamio y colocado allí para que lo hallaran.

El Ambrosiano, la institución financiera privada más grande de Italia al momento de su quiebra, tenía sucursales en varios países, entre ellos Argentina, y Calvi estaba vinculado a la logia secreta masónica Propaganda Dos (P2) de Licio Gelli.

El puente sobre el Támesis donde fue encontrado Calvi. Foto: AP

El puente sobre el Támesis donde fue encontrado Calvi. Foto: AP

Sobre la ruina del Banco del Vaticano (principal accionista del Ambrosiano) que costó unos 1.400 millones de dólares a sus accionistas e inversores, Calvi siempre había responsabilizado al arzobispo Paul Marcinkus, un estadounidense de origen lituano que luego fue “exiliado” al estado de Arizona, EE.UU..

El juicio

En 2005, el caso llegó a los tribunales. La acusación sobre la muerte de Calvi recaía sobre el “capo mafia” siciliano Pippo Calo y otras cuatro personas: un hombre de negocios, Flavio Carboni, y su novia austríaca, Manuela Kleinszig; el ex cabecilla de una banda criminal en Roma, Ernesto Diotallevi, y el ex contrabandista Silvano Vittor, quien se desempeñaba como chofer del banquero.

El hombre de negocios, Flavio Carboni. Foto: AP

El hombre de negocios, Flavio Carboni. Foto: AP

Los fiscales Luca Tescaroli y Maria Monteleone solicitaron una lista de testigos que abarcaba 177 hombres y mujeres.

Dinero de la mafia

Según la acusación, detrás de la muerte de Calvi se escondían entremezclados varios motivos oscuros, como la mala administración del dinero de Cosa Nostra (la mafia siciliana) hecha por el banquero o el peligro de que Calvi revelase los secretos del lavado de dinero a través del Banco Ambrosiano, que habrían gestionado él y el arzobispo Marcinkus.

Pero otra hipótesis señala la intervención en el crimen de la logia P2 del también banquero Gelli, quien habría ordenado el homicidio de Calvi porque éste le habría robado dinero.

Incluso, se llego a hablar de una conexión argentina en su asesinato.

La P2 tuvo ramas en muchos países, incluida la Argentina. La conexión más denunciada fue con algunos jerarcas militares de la dictadura, a través del financiamiento de la compra de armas. Pero también en el anterior gobierno, de Juan Domingo Perón y de su esposa Isabel, Gelli tuvo importantes contactos.

Calvi dedicó su última semana de vida a atesorar documentos comprometedores para numerosas personas e instituciones. Esperaba una respuesta a la carta que había enviado a Juan Pablo II, en la que le advertía contra “los enemigos internos” dirigidos, según él, por el secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli. Confiaba aún en salvar el Banco Ambrosiano y su propia vida.

Dos años después de iniciado el juicio, los cinco acusados fueron absueltos.

Y su suicidio por asesinato sigue siendo hoy un misterio.

Nunca se sabrá quién mató al banquero que recicló dinero de la Mafia, financió las operaciones anticomunistas del Vaticano en Polonia y América Latina, se asoció con la logia masónica P2 y promocionó con grandes sumas el ascenso político del socialista Bettino Craxi.

Calvi sabía demasiado.

Redacción Clarín

ap

Fuente: Clarín

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