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Afrodescendientes después de un año de pandemia

El 21 de marzo se conmemoró el Día Internacional de Eliminación de la Discriminación Racial. La fecha se instituyó a partir de 1966 tomando como referencia lo ocurrido en Sudáfrica seis años antes. En Sharpeville, un suburbio de Johannesburgo, la policía del régimen de segregación racial reprimió una protesta contra la ley de pases. En consecuencia, resultaron asesinadas 69 personas y casi 200 heridas. La efeméride corre por cuenta de Naciones Unidas, que llama a aleccionar sobre el racismo, una plaga mundial. 

A raíz de la proximidad de la fecha, el Instituto Raza e Igualdad celebró el conversatorio El impacto de la pandemia de COVID-19 en la población afrodescendiente de América Latina y el Caribe: un año después, el viernes 19 de marzo, que contó con la participación de cinco referentes que dieron sus impresiones acerca de la degradación de la situación económica y de derechos humanos para este colectivo que engloba a unas 150 millones de personas en la región. Disertó, representando a Bolivia, Paola Yáñez, coordinadora regional de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora (RMAAD); por Brasil, Bruna Benevides, representante de la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra); el afrocubano Juan Antonio Madrazo Luna, líder del Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR); Sofía León, miembro del equipo coordinador de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA) y cerró Margarette May Macaulay, relatora sobre los Derechos de las Personas Afrodescendientes y contra la Discriminación Racial y relatora sobre los Derechos de las Mujeres por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Contexto adverso. La situación para las poblaciones afrodescendientes se ha complicado en el año transcurrido con coronavirus en la región. Como expuso la boliviana Yañez, 2020 debiera haber sido el examen de medio término del Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024) pero la atención estuvo colocada en otras prioridades consideradas mucho más urgentes. Asimismo, resaltó que ningún otro colectivo habla más a casi veinte años de la Conferencia de Durban contra el racismo que el movimiento afrodescendiente. No hay mucho interés, puntualizó.

En el plano más práctico, la coordinadora regional de RMAAD advirtió sobre la precariedad de los servicios de salud y la violencia hacia lideresas indígenas y afro que fue en notable incremento en el curso del año pasado. El 60% de los asesinatos de defensores de derechos humanos tuvo lugar en América Latina, denunció. 

Al respecto, la defensa del territorio por parte de activistas tiene su tributo en sangre, agregó, pues, si bien se ha hecho hincapié en un modelo de desarrollo, no obstante 2020 profundizó la desigualdad. Sobre el futuro, Yañez no se mostró optimista. Es notoria la ausencia de información agregada sobre poblaciones afrodescendientes y así no serán tomadas en cuenta para la pospandemia, observó. 

Brasil. En Brasil, con el drama más caótico por lejos en la región tras meses de gestión Bolsonaro, Benevides comenzó remarcando que el mandatario brasileño ya tuvo cuatro ministros de salud en la profundización de sus políticas que resultaron en una mayor vulnerabilidad para las poblaciones afrodescendientes y LGBT como producto, en parte, de la falta de políticas específicas para esos grupos y el boicot deliberado al accionar de determinados Estados. 

Las pruebas son palpables y la activista las fue dejando claras a lo largo de su intervención. Brasil cuenta con casi 15 millones de desocupados y la mayoría es negra, indicó. Agregó el colapso del sistema carcelario y de salud. Las cifras de contagios son bien conocidas pero la dirigente en Antra sostuvo que afros y mestizos son de las personas que tienen mayor riesgo de contagio y hospitalización. Siete de cada 10 contagiados son personas negras, ejemplificó.

En cuanto a las políticas públicas el panorama es más que sombrío. El prejuicio racial y la desigualdad en el acceso a salud son causas de muerte, comentó Benevides. Brasil es el segundo país del mundo con más población afro y el que más marginada la tiene. Sobre esto último, explicó que el número de asesinatos causados por la policía en pandemia aumentó. Es el país que más asesina en tres años consecutivos, aclaró. Todo ello apunta a que la líder trans halle en Bolsonaro una razón suficiente para explicar la dramática actualidad brasileña. Es una lucha diaria para que él pague por sus delitos y la negación, hacia un impeachment, remató.  

Cuba. Madrazo Luna explicó la delicada situación en Cuba. Inició lamentándose porque el Decenio citado allí no se ha sentido a casi 60 años del aniversario de la declaración del fin del racismo y la discriminación. Advirtió que, si bien en 2019 comenzó a regir el programa contra esos dos últimos, no obstante, la pandemia sirvió como excusa para postergarlo. También se utilizó la misma como justificación para desmovilizar las acciones de la sociedad civil, complementó. El líder del CIR subrayó que en la isla las desigualdades tienen un enfoque racializado y que el virus profundizó algunas e hizo aparecer otras novedosas. En particular, observó que sobre las mujeres recayó el mayor peso de la pandemia, por varios factores y que el programa no se traduce en las problemáticas que enfrentan a diario ellas. “En las familias afrocubanas aumentó la pobreza y donde más castigó el coronavirus en Cuba fue en núcleos poblacionales afro y del mercado informal”, sintetizó el expositor.

Colombia. León en sus palabras apuntó a explicar cómo el Covid-19 visibilizó con más fuerza el racismo en Colombia, en un país en el cual el 80% de la afrocolombianidad tiene sus necesidades básicas insatisfechas, mientras la situación es crítica en áreas rurales. La pandemia potenció lo negativo, remarcó la integrante del CNOA, prácticas racistas institucionales junto a crecientes actos violentos en la esfera pública y un deterioro notable de las condiciones sanitarias y educativas.

“En el Chocó solo hay siete establecimientos de mediana complejidad y eso se repite en otras regiones, advirtió León, mientras en materia de educación la cosa no fue mejor pues las políticas aumentaron las brechas. En el 96% de los municipios no se dieron clases virtuales por falta de acceso a Internet y/o a electricidad, se lamentó. Asimismo, el paso del devastador huracán Iota, destruyó el 98% de la infraestructura en San Andrés y Providencia y, según dijera ella, no se ha podido reconstruir la misma. “La pandemia visibilizó las falencias del Estado, concluyó la expositora. 

Soluciones. La jamaiquina May Macaulay, de la CIDH, instó a hacer esfuerzos regulares para mejorar las condiciones de los pueblos afrodescendientes y a utilizar las redes sociales para involucrar más en favor de sus derechos. Es necesario formar un lobby por cada Estado, reflexionó. Urgió a que cada país desarrolle investigaciones del porqué de que sus poblaciones afro son más vulnerables ante distintos tipos de enfermedades. Se debe forzar a que los Estados investiguen y ayuden a superar eso. Asimismo, sumó la cuestión de los marcos normativos: examinar leyes para que no exista discriminación, sugirió. 

En igual sentido, León instó a reclamar ante el Estado aprovechando la situación generada por el Covid 19 y, por su parte, Madrazo Luna comentó que el mayor desafío para el gobierno cubano es que implemente el programa referido y que las organizaciones antirracistas puedan sumarse a una plataforma contra el racismo.

*Historiador africanista y miembro del Consejo Consultivo de Cadal.

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Fuente: Perfil

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