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AMIA: Para el tribunal que absolvió a Carlos Telleldín, tampoco se sabe el número de chasis de la Trafic que se usó como cochebomba

El tribunal oral federal 3 (TOF 3) explicó que, a su criterio, no hay una sola prueba que demuestre que Carlos Telleldín supiera que entregó una Trafic para ser usada como cochebomba en el atentado contra la AMIA.

Lo sostuvo al conocerse los fundamentos de la absolución dictada el 23 de diciembre pasado. Tampoco se probó, dijo, que el ex reducidor de autos robados tuviera sentimientos antisemitas y entrenamiento necesario por haber sido agente del temible D2 de la policía de Córdoba durante la dictadura.

En un fallo de más de 800 páginas al que accedió Clarín, los jueces Andrés Basso, Javier Ríos y Fernando Canero sostuvieron que lo único acreditado es que el motor de una camioneta siniestra que compró Telleldín en 1994 fue el encontrado entre los escombros de la mutual judía. No la carrocería, sino solo el motor.

La decisión fue de los jueces Andrés Basso, Javier Ríos y Fernando Canero quienes integran el TOF 3.

El tribunal absolvió en diciembre pasado a Telleldín de la acusación como partícipe necesario del ataque terrorista del 18 de julio de 1994, que causó 85 muertos y este viernes difundió sus fundamentos.

El fiscal Roberto Salum y las querellas de Familiares de Víctimas habían pedido perpetua y el abogado de la AMIA-DAIA; Miguel Bronfman, 20 años de cárcel.

El TOF 3 sostuvo que la acusación se hizo sobre la “base de indicios y presunciones forjadas en sesgadas interpretaciones asignadas a las circunstancias que rodearon la conducta achacada al imputado”.

No se ha incorporado ningún elemento de juicio, ni tampoco un razonamiento revelador, que permita quebrar el estado de inocencia” de Telleldín, agregó.

De los trescientos ochenta testigos, sostuvo el tribunal, “no hubo siquiera uno que atestiguara sobre el conocimiento que Telleldín habría tenido de que estaba entregando la Trafic para su utilización en un atentado terrorista o como sostiene una de las querellas en un estrago doloso”.

En las conclusiones, los magistrados sostuvieron que “la prueba documental y pericial incorporada, más los numerosos allanamientos e intervenciones telefónicas que se practicaran tampoco arrojaron luz sobre la existencia de ese elemento subjetivo indispensable para acreditar la participación de Telleldín”.

Para los jueces, “la única certeza que hemos podido adquirir a lo largo del juicio, ha sido la de que Telleldín fue el último tenedor del motor que fuera encontrado entre los escombros de la AMIA, luego solo han quedado interrogantes imposibles de responder con los elementos reunidos en los más de seiscientos sesenta cuerpos e innumerables legajos que integran la causa”.

Tampoco está probado que el motor de la camioneta que perteneció a la empresa Messin “se hubiera colocado en el chasis de la camioneta que perteneciera a Pedro Sarapura, puesto que -en definitiva- tal circunstancia no pudo reconstruirse a lo largo del extenso debate celebrado”.

Telleldín compraba autos siniestrados, les sacaba el motor y los colocaban un vehículos robados a los que les cambiaban los números de chasis, según las querellas.

En resumidas cuentas, “la Trafic utilizada para el atentado, se armó con el motor hallado entre los escombros perteneciente a la firma Messin y la carrocería de una tercera camioneta cuyo origen no se ha podido determinar”.

Para las querellas hubo, en realidad, tres camionetas armadas por Telleldín durante los días previos al fin 9 y 10 de julio de 1994, pero para los jueces no se acreditó esa hipótesis.

Posiblemente, “esta enorme incertidumbre obedezca a los insondables avatares que ha sufrido esta investigación, por razones que permanecen alojadas en la conciencia de quienes decidieron torcer su rumbo”, agregaron en alusión al juicio por irregularidades en la causa contra el ex juez Juan José Galeano.

Al analizar la prueba, afirmaron que “se acreditó fehacientemente que el bloque de motor nº 2.831.467, hallado entre los escombros del edificio de la sede de la AMIA, pertenecía originariamente a un vehículo marca Renault, modelo Trafic, patentado en 1990, dominio C 1.498.506, carrocería T310-003325, de chasis corto, color “blanco chapelco”, registrado a nombre de la firma Messin SRL –integrada por Daniel Aaron Cassin e Isaac Pedro Meta- cuyo último tenedor conocido fue Carlos Alberto Telleldín”.

Pero no se pudo establecer si ese motor se le colocó el motor que la carrocería a la que los terroristas le pusieron 300 kilos de amonal y un chapón de acero para dirigir la explosión alas columnas de entradas del edificio de la AMIA, ubicada en Pasteur 633.

Los jueces consideraron que no está probado que el documento de compra venta de la Trafic firmado por Telleldín y un tal “Ramón Martínez”, con acento centroamericano “fuera apócrifo, como sostienen la fiscalía y las querellas”.

Un peritaje caligráfico “concluyó que la firma estampada en el sector correspondiente al vendedor, como así también la sigla “DNI” y el número que luce en el mismo sitio, son de puño y letra de Telleldín”, puntualizaron.

“Los acusadores no han siquiera intentado acreditar la existencia de algún móvil que motivara a Telleldín, a quien definieron como un ser gobernado por la codicia, a ser parte de un hecho tan atroz”, afirmaron.

“Todas las pruebas apuntan a que Telleldín, además de que habría recibido tan solo US$ 11.500, es decir, ni más ni menos que el valor de una Trafic en el mercado, en ese entonces, una cifra francamente irrisoria para acceder a colaborar en tamaña empresa delictiva, tampoco se acreditó, como la propia querella AMIA-DAIA señaló, que perteneciera a alguna célula antisemita”.

La pertenencia de Telleldín al D2 de la policía de Córdoba durante la dictadura “no muestra” un actitud antisemita pues “el imputado, además de tener muy corta edad al ingresar al Servicio de Inteligencia, cumplió las funciones de correo”.

De modo “que de allí no se extrae -como lo hacen los acusadores que Telleldín estuviera dotado de saberes especiales producto de los conocimientos adquiridos en la agencia de mención” para engañar y comprar y  vender autos robados.

El Enano” es hijo del ex comisario general de la policía de Córdoba, Pedro Telleldín. Este luego de su retiro como suboficial del Ejército, en 1974 se incorporó a la policía cordobesa de la mano del teniente coronel Domingo Navarro, quien derrocó al gobernador peronista de izquierda Ricardo Obregón Cano, en un golpe conocido como “el navarrazo”.

Sobre el intento de fuga de Telleldín, quien llegó a Misiones y podría haberse ido al Brasil tras el ataque, los jueces afirmaron que “aún bajo la hipótesis de que el imputado se fugó con motivo del atentado a la sede de la AMIA, esto no corrobora de que al momento de entregar la Trafic se hubiera representado que el mismo se iba a producir y que estaba realizando un aporte fundamental en esa empresa delictiva”.

La huida, comentaron, fue por “su estado de ánimo que lo invadió al enterarse de lo acontecido, alegado por las partes acusadoras, pero lo cierto es que, apenas fue convocado por las autoridades, tras una breve charla telefónica con el policía Diego Barreda, el imputado se entregó inmediatamente a la justicia”.

Los magistrados también rechazaron que las mentiras y cambios de posiciones de Telleldín a lo largo de estos 26 años sean un indicio de culpabilidad.

El primer juicio por el atentado estuvo cargo del mismo tribunal pero con otros jueces que ya no ejercen: Gerardo Larrambebere, Miguel Pons y Guillermo Gordo. Fue en el 2004 y terminó con la absolución y liberación de Telleldín y los cinco expolicías bonaerenses que habían sido procesados y detenidos como parte de una “conexión local”.

En ese momento, el Tribunal anuló toda la investigación que llevó adelante el Galeano por entender que se cometieron ilícitos con el pago de la SIDE de Carlos Menem de 400 mil dólares a Telleldín que invalidaron toda la causa.

Sin embargo, años después la Corte ordenó volver a investigar a Telleldín por la prueba reunida en la causa antes de ese pago realizado en 1996 y se abrió este juicio que terminó con la absolución.

La ratificación por parte del tribunal de la declaración del atentado como un crimen de lesa humanidad imprescriptible es la única esperanza que quedó en este caso porque deja abierta la puerta para el eventual hallazgo de una nueva prueba.

La jueza María Eugenia Capuchetti tiene a su cargo la investigación de la conexión internacional del atentado que apunta al Hezbollah del Líbano como el autor material y a Irán, como el autor intelectual.

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Fuente: Clarín

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