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Chelsea campeón de la Champions League: el recolector de basura que destrozó el plan de Guardiola y su Manchester City

Dos empleos tuvo N’Golo Kanté antes de ser futbolista: de chico fue recolector de basura, ayudaba a su padre, iba y venía de una vereda a la otra, con movimientos rápidos y coordinados. Más adelante, cuando varios equipos lo descartaban por ser muy bajito, trabajó en un estudio contable con tareas que implicaban concentración y exactitud.

“Él es pequeño, él es gentil, él se va a comer a Leo Messi“, le cantaban sus compañeros de la selección de Francia en los festejos del título Mundial en 2018. Ahora le sumó Champions a su palmarés. Y otra vez fue el mejor reflejo de su equipo, con la dinámica de aquel recolector y la precisión de las ciencias exactas.

Fue Juan Manuel Lillo, un ladero fiel de Guardiola en Barcelona el autor de la frase “dime quién es tu mediocentro y te diré qué equipo eres”. Esta vez la apuesta de Pep no resultó. Lo neutralizó el Chelsea, supo acomodarse a un inicio vertiginoso sin perder la línea y supo también, luego del temblor inicial, llevar la final a su juego, a la receta que le había dado resultado frente al mismo rival dos veces, en la semifinal de la FA Cup y en la penúltima fecha de la Premier League.

Frustrar al Manchester City es un mérito grande. Pero lo hizo un equipo que venía de despachar con autoridad al multicampeón Real Madrid en semifinales, al Porto en cuartos y al Atlético de Madrid en octavos cuando recién hacía pie Thomas Tuchel a inicios de 2021.

El entrenador alemán acomodó las piezas en tiempo récord. Y logró una confiabilidad similar a la que supo construir Guardiola en cinco años. En este fútbol sobreanalizado, los entrenadores cobran cada vez más protagonismo y Pep cargaba en la previa de la final en Oporto con los 10 años en los que no pudo llegar al partido definitorio por la Champions ni en el Bayern Múnich ni en el City. No tiene la culpa Guardiola de haber creado su mejor obra en aquella inolvidable camada culé, pero sabrá que la sombra de esa comparación lo acompañará siempre, para bien y para mal.

El catalán sorprendió en la previa. Nunca antes había utilizado esta formación, con Sterling de arranque y sin un volante central clásico: ni Fernandinho ni Rodri. Fue Gündogan el que ocupó ese rol. “Dime quién es tu mediocentro…” Los primeros minutos fueron para seguir en puntas de pie. Lo mejor de la Premier League llevado al escenario principal del fútbol mundial. Si bien las posturas eran similares y la ambición ofensiva de ambos era la misma, había una diferencia que empezaba a marcarse: la velocidad con la que hacían las cosas.

El City no para, es avasallante, va rotando posiciones en tres cuartos con De Bruyne como eje, y siempre tiene a un futbolista para romper por afuera, principalmente Walker, por derecha y Foden o Sterling por izquierda. En ese vértigo, asume el costo de jugar mano a mano en el fondo, sumado al espacio que dejó entre los volantes (sin un 5 de marca, se insiste) y el achique de los defensores.

Chelsea juega igual de bien, toca con la misma precisión, pero a una marcha menos y con más gente en el medio confiada en que tiene el respaldo de los tres de atrás. Es imposible encontrarlo mal parado. Piensa y luego juega. Ahora que está de moda la innovación en los audios de WhastApp, Guardiola acelera todos, Tuchel elige pausarlos y solo arremeter en el final.

Tuvo sus chances de pasar al frente y comandar el marcador el City. Con un pase de Ederson a Sterling que no pudo definir el delantero o la definición de cara externa de Foden en el área chica que encontró camino al gol el cierre estupendo de Rüdiger.

Pero más allá de las ráfagas, Chelsea con el correr de los minutos empezó a sentirse cómodo, con Kanté como director de orquesta y juntando pases cortos hasta que apareciera el hueco y meter el estiletazo. Así estuvo a punto de marcar Timo Werner en una jugada que pifió en el corazón del área. Y así fue el gol de Havertz.

Salió tranquilo Ederson desde el arco, tocó corto con Chilwell, que avanzó por izquierda para Mason Mount. Y se abrió el panorama, quedó el hueco que le marcó Havertz para hacer su primer gol en 12 partidos de Champions. Eso estaba esperando Chelsea, vale repasar los videos de sus goles en los dos triunfos ante el City en el último mes. Y facturó nuevamente, ante la mala cobertura de Zinchenko y la salida apresurada de Ederson.

El segundo tiempo desnudó falta de creatividad en ataque del equipo de Guardiola y les permitió a los de Tuchel mostrar su otra cara, el muro defensivo; por algo le marcaron apenas dos goles en los primeros 12 partidos que dirigió al equipo londinense.

Los cambios no les dieron soluciones al City, que terminó con doble 9 –primero entró Gabriel Jesús por el lesionado De Bruyne y luego lo hizo Agüero- y un 5 clásico con la entrada de Fernandinho.

La esperanza de que el Kun tuviera una para una despedida perfecta se diluía en cada ataque. El tiro final de Mahrez se fue alto. Y Chelsea es un campeón merecido.

Porque supo rearmarse de atrás para adelante tras el decepcionante ciclo de Frank Lampard. Porque no sintió la salida por lesión de Thiago Silva cuando la final apenas llevaba media hora de juego. Y principalmente es campeón porque fue fiel a sí mismo: jugó con los 11 que lo habían llevado hasta Oporto y respetó el libreto de línea de tres zagueros, pases cortos para progresar en bloque, búsquedas profundas para encontrar diagonales en ataque y mucha fortaleza en la marca.

El mediocentro de Chelsea es N’Golo Kanté. Es pequeño, es gentil. Ya sabía lo que pesa la Copa del Mundo, ahora también sabe lo que es levantar la Champions League.

Fuente: Clarín

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