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Colonia, una ciudad sin turistas y en crisis

Desde Colonia del Sacramento

El local de La Pasiva en General Flores, la avenida principal de Colonia del Sacramento, es toda una postal de este tiempo: sillas apiladas, decenas de boletas en la puerta y varios carteles que comunican un conflicto: “24 familias quedamos en la calle. Exigimos respuestas”.

Ni un símbolo de la gastronomía uruguaya como La Pasiva pudo sortear la crisis económica que generó y sigue generando la pandemia de covid-19. Del otro lado del Río de la Plata, Colonia del Sacramento sufre –como ninguna otra ciudad uruguaya– la falta de turismo internacional. Y eso se respira a cada paso.

Hace un año que el casco de Colonia, patrimonio histórico de la humanidad declarado por la Unesco, quedó vacío. Así sigue en este marzo de 2021: las callecitas y casas icónicas de ese barrio coloniense no tienen ni gente ni locales abiertos.

Sin turistas argentinos –que ya habían dejado de ir desde 2018 por el cambio desfavorable–, sin brasileños y sin europeos ni estadounidenses, muchos comercios tuvieron que cerrar. Algunos provisoriamente, otros de manera definitiva. Una parte intenta subsistir con el turismo local, en su mayoría proveniente de Montevideo. Pero no alcanza: de acuerdo a lo que estima la Intendencia, en los últimos cinco años el 80% del turismo que arribaba a la ciudad y al departamento fue extranjero.

“A diferencia del turista argentino, el uruguayo es muy conservador. Gastamos poco, miramos precios, pensamos cuatro veces en pedir un postre”, describe a PERFIL Julio García, dueño El Palacio, uno de los restaurantes de la Avenida Flores, a una cuadra de La Pasiva y enfrente a la Intendencia.

Con cuatro empleados en seguro de paro (suspendidos), pagando el 70% del alquiler y con un descuento del 7% en UTE (luz) y OSE (agua), Julio dejó su rol de encargado y pasó a ser un multitareas: cocina, atiende y cobra cada mesa.

Cerca de El Palacio, Lucas les hace señas a los autos para que estacionen. En octubre se quedó sin trabajo de cocinero en Montevideo y vino a Colonia, donde ahora es cuidacoches. Cuenta que en enero y febrero algo de movimiento hubo. “Pera ahora acá no anda nadie”, dice. El plan de él y su pareja es cruzar a Buenos Aires.

Burma, uno de los comercios de venta de cueros y sweaters más emblemáticos del casco histórico de Colonia, está cerrado hace un año. El dueño, que es argentino, prometió que no iba a cobrar el alquiler hasta que se reactivara el movimiento turístico. “Cuando cerraron las fronteras, se murió todo”, cuenta Fernando Besco, encargado de Burma, que redujo el personal y solo atiende en la sucursal céntrica.

Con el puerto sin servicios y 1.500 personas a la espera de volver a sus trabajos, el sector hotelero, al igual que el gastronómico, también sufre esta Colonia semi desierta. El 70% de los hospedajes se mantienen abiertos, pero entre un turismo interno que no alcanza y la obligación de reducir el aforo por protocolo, algunos ni siquiera cubren los gastos fijos. En la cámara hotelera grafican al cierre de fronteras como un “golpe de gracia” a una crisis que había empezado con la reducción drástica de argentinos que cruzaban a la otra orilla.

El contexto también agudizó el ingenio. Y mientras muchos proyectos se caen, otros se reconvierten: es el caso de Reina Bar, antes llamado El Torreón, un destino ineludible para quienes querían almorzar o cenar frente al Río. Su dueña, Eugenia, cuenta ese proceso: “Cerramos en marzo y en julio decidí abrir un salón chiquito y apuntar a la gente de acá. Después reabrí el que está frente al Río, pero la gente no venía porque creía que era muy caro. Entonces decidí ponerle a los dos Reina y unificar la carta con precios accesibles”. Ahora Reina es el bar de moda de Colonia. Una pequeña victoria en medio de este desierto turístico que nadie sabe cuándo terminará.

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Fuente: Perfil

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