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Cuando la pandemia llegue a su fin

Cuando la Pandemia llegue a su fin – y va a llegar a su fin a pesar que a veces parezca eterna – tendremos que revisar muchas de las cosas que se hicieron y se dijeron durante la misma. Contaremos, a diferencia de la Pandemia de 1918, con muchísimo material digitalizado para hacerlo. Pocos resistirán un archivo, desde las máximas autoridades sanitarias mundiales, hasta los políticos más encumbrados de casi todos los países del mundo. La Argentina, quien lo duda, tendrá una parte destacada en estos archivos.

Uno de los capítulos más nocivos será el de la durísima “campaña antigobierno”, escondida bajo el disfraz de una feroz “campaña antivacunas”, de quienes incluso se autodenominan “provacunas”  en público, pero desde los albores del Plan de Vacunación dijeron de todo en contra de las mismas, y casi todo sin fundamento.

No quiero ser exhaustivo, pero recordemos algunas: la denuncia por envenenamiento al presidente Alberto Fernández por comprar vacunas; la propuesta en el Congreso Nacional de una diputada de la CC de usar en lugar de vacunas el “dióxido de cloro” apoyada por toda la oposición; la falta de confianza en la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) que a pesar de autorizar la vacuna Sputnik V con los mismos datos publicados un mes más tarde en la revista “Lancet” ,que se validaron como de excelente calidad, generaba descreimiento. “Flojita de papeles”, decían.  

Dijeron hasta el cansancio que Chile era el ejemplo a seguir en vacunación pero nada dijeron cuando el país hermano aplicó una vacuna que –aún al día de hoy– no tiene publicación de Fase 3 y tiene una eficacia cercana al 50 % y cuesta 4 veces más por dosis.

A mí nunca me pareció mal, los países deben rebuscárselas de la mejor manera que puedan, y la mejor vacuna para covid hoy es la vacuna colocada a un paciente de grupo de riesgo, la que sea. Pero irrita la doble vara.

Argentina, a través de sus autoridades sanitarias, y con la colaboración en el Congreso de la Nación (y de una parte pequeña pero destacada de la oposición), consiguió contratar 20 millones de vacunas Sputnik V (luego se gestionaron 10 más), que debían llegar en enero y febrero. Y desde marzo y abril más de 20 millones de vacunas de AstraZeneca, y 9 millones más del fondo Covax de la ONU.

Contratiempos. Como se puede apreciar, la situación parecía bastante controlada para enfrentar la segunda ola. Obvio que hubo  algunos contratiempos: Pfizer no quiso contratar con Argentina, dado que las indemnizaciones por efectos no deseados de las vacunas no serían pagadas por el país en caso de “negligencia manifiesta” en la producción de la vacuna, tal como establece nuestra ley. El millón de vacunas previstas de ese laboratorio por lo tanto no pudieron contratarse.

Lamentablemente la producción en gran escala de la vacuna rusa, como de casi todas, sufrió retrasos muy significativos, y a pesar de los esfuerzos de todos hasta hoy han llegado  sólo cerca de 4 millones de dosis. Eso atrasó fuertemente toda la planificación. El ministerio de Salud de la Nación contrató a comienzo de año, además, 4 millones de vacuna Sinopharm de China para poder recuperar algo de tiempo. En semanas, la llegada de todas estas vacunas permitiría escalar en la cobertura de los grupos de riesgo.

Sin embargo en nuestro país siempre podemos sorprendernos.

Ahora un grupo poco identificado de médicos, y algunos grupos de izquierda, incluso un grupo de periodistas de medios muy “serios”,  empezaron a plantear que los 120 millones de dosis de vacunas de AstraZeneca producidas en la Argentina –por una empresa privada gracias a la voluntad del laboratorio de realizar la transferencia tecnológica y destinadas a Latinoamérica–  y que deben ser llevadas a México para su “formulación” y luego desde allí importadas al país, se les “IMPIDA LA EXPORTACIÓN”, para que se “formulen” aquí. Y listo…

Esto no es solo una falacia. Es de un nivel de ignorancia tal que llama la atención el hecho que haya sido publicado en medios de prensa teóricamente serios. Para empezar, las bolsas con el “Bulk”, es decir con la vacuna a granel digamos, son de AstraZeneca, no de la Argentina, así que  impedir su exportación sería algo así como expropiarlas. Luego de poco serviría dado que en Argentina no tenemos la capacidad tecnológica y humana para poder formularlas, así que no solo nos quedaríamos sin nuestras vacunas sino que además toda Latinoamérica se quedaría sin estas vacunas. A México le llevó casi un año armar y poner a funcionar la planta donde estas vacunas se están formulando.

Las teorías conspirativas sumadas a las terraplanistas se han puesto de acuerdo para hacernos creer que nos están robando “nuestras vacunas”. Y para peor el laboratorio que nos contrató sin problemas con nuestro marco legal, que generó transferencia tecnológica –por ahora el único–  que puso el precio de las vacunas a la mitad o el cuarto de las otras, que viene cumpliendo con lo contratado es llamativamente acusado. Quizás acá los conspirativos podrían encontrar mejor material.

Lo que no dudo será una lección aprendida de la pandemia, es que para salir de ella con el menor dolor posible, la mejor manera es a través de la cooperación internacional, con un fuerte apoyo a la innovación, al desarrollo y a la complementariedad público-privada.

Nadie se salvará solo, mucho menos los países periféricos y pobres. n

*MM 82672. Presidente de la Comisión de Salud y Acción Social de la Cámara de Diputados de la Nación (Frente de Todos, Tucumán).

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Fuente: Perfil

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