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Dos miradas de la cultura sobre el servicio doméstico: cuando afecto y desigualdad viven bajo un mismo techo

Santiago Canevaro y Francisco Márquez
Santiago Canevaro y Francisco Márquez

Las relaciones entre empleadas domésticas y sus empleadoras -porque sobre todo son mujeres quienes sostienen estos vínculos- están marcadas por las diferentes clases sociales a la que pertenecen, la otredad que se manifiesta entre ellas y, también, un simulacro de igualdad, que se puede realizar como si pertenecieran ambas a un mismo hogar o por los genuinos afectos que se crean. Este fenómeno de raigambre aceitada en la sociedad argentina tiene, estos días, dos manifestaciones que lo analizan desde el punto de vista fílmico y desde el estudio antropológico.

Infobae Cultura juntó a Francisco Márquez, celebrado por su anterior película La larga noche de Francisco Sanctis (realizada junto a su compañera Andrea Testa), quien estrenó Un crimen común y al antropólogo e investigador del CONICET Santiago Canevaro, autor de Como de la familia (Prometeo), para que dialoguen sobre sus obras y cuenten los vericuetos de una forma particular del mundo laboral.

En el largometraje, protagonizado por Elisa Carricajo (ganadora en el BAFICI por su papel en Bahía Blanca) y Mecha Martínez, Carricajo interpreta a una docente de Sociología en la UBA -que hace leer a Gramsci a sus alumnos- cuya empleada doméstica es Martínez. Entre la docente (se podría decir “pequeñoburguesa”) y la trabajadora se crea un vínculo afectivo que las lleva a comer juntas, a que la empleada cuide al niño de la socióloga y que se reciba al hijo de la doméstica con naturalidad. Sin embargo, una noche de lluvia, Kevin -el hijo de la empleada- toca la ventana de la casa de la docente, quien en pánico se esconde, no se deja ver. Al día siguiente, Kevin aparece muerto. Con elementos del thriller y hasta el cine de terror, la película desarrolla la relación posterior al crimen entre Carricajo y Martínez cuando el escenario del vínculo se traslada del pacífico hogareño al barrio popular donde vive la empleada doméstica. Por su parte, el libro recopila un frondoso cuerpo de casos estudiados desde la antropología que se centran en estos vínculos, relaciones que ocultan más de lo que dejan ver.

Trailer de “Un crimen común”, de Francisco Márquez

Francisco Maŕquez: -Antes que nada, estuve leyendo el libro de Santiago y pienso que me hubiese encantado leer el libro antes de filmar la película. En cuanto a mi película, algo que para mi fue decisivo al momento de construir el personaje de la empleada doméstica fue la elección de la actriz. La actriz que elegimos es una persona que yo conozco, es una amiga, tiene la particularidad de ser una dirigente social y política, es decir, una mujer de convicciones bien fuertes, una mujer muy aguerrida, una luchadora. Fue muy interesante su actuación. Hay una escena en la cual Cecilia (Elisa Carricajo) va a la casa de Nebe (Mecha Martínez) por primera vez en la que pareciera que le va a contar lo que sucedió aquella noche, pero finalmente no. Cuando escribimos la escena en el guion, yo esa escena la escribí desde mi prejuicio de clase, ¿no? Cuando escribí esa escena donde estaba la abogada, iba la socióloga y estaba la trabajadora doméstica en su propia casa, la manera en que escribí la escena junto con Tomás Downey en esa primera versión, la ponía a ella en un lugar sumamente pasivo y las que guiaban la escena eran las profesionales. Por eso en el momento en que surgió la idea de que sea Mecha Martínez la actriz, ubicar a esa persona con esas características en ese lugar tan pasivo, por más que el personaje que interpretaba no era ella misma, ya era muy extraño, claramente estaba construida desde ese seguir ubicando a la empleada doméstica en su rol de la empleada doméstica, aún en su propia casa. Evidenciaba cierto prejuicio de clase de mi parte al momento de escribir la escena, y me hizo reflexionar. Pensamos un montón en la película en los espacios, en cómo filmar un barrio popular, cómo representar a Kevin, cómo representar a Nebe. Pensamos esa escena en particular, que nos llevó a reflexionar un montón sobre eso.

Francisco Márquez

Santiago Canevaro: -Lo que está comentando Francisco en relación a la otredad es que hay una dimensión de la relación donde se superponen elementos, el elemento afectivo, por ejemplo, y el elemento de clase, por la desigualdad. Y la intimidad. Son elementos que en general aparecen como separados, es una relación desigual donde no hay intimidad. Yo trato de demostrar que hay una superposición constante entre esas cuestiones, y esa superposición se expresa en una tensión equis, que en mi libro son conflictos de todo tipo, desde cómo se cocina hasta cómo se limpia o cómo se cuida a los chicos, hasta cuando se hace un juicio laboral. En el caso de la película lo interesante es ver cuando se sientan a comer en la mesa o intercambian opiniones sobre sus familias, o aparece en parte la familia de la trabajadora, ahí hay una especie de horizontalidad o reciprocidad porque también la propia empleadora otorga ese lugar para la trabajadora, dándole la confianza de cuidar a los hijos, darle información sobre su familia, etcétera. Pero en el momento que se produce la tensión es cuando la otredad se extrema y hay una jerarquía de clase que vía la afectividad se puede matizar o se puede procesar de una manera particular.

F.M.: -Me quedé pensando que hay varias películas brasileñas que problematizan y tienen como protagonistas el vínculo entre trabajadoras domésticas y patrones o patronas y claramente es un vínculo en estos términos que decís, no sé, hay una película que se llama A qué hora vuelve, hay otra película de terror que habla sobre lo mismo, hay un documental que se llama Doméstica, en todas se evidencia otra relación al momento de elegir qué tipo de vínculo tenían. Claramente no elegimos este vínculo jerárquico que vos mencionás, que en la Argentina si bien existen otros vínculos, siguen existiendo sobre todo en algunas clases sociales. La intención era que esta mujer trabajadora le hace la comida, comen juntas, tiene una relación con el hijo y todo, sin embargo, digamos, esa apariencia de igualdad que ella quiere establecer digamos, bueno, se cae a pedazos ¿no?

Santiago Canevaro

S.C.: Muchas veces son las mismas trabajadoras domésticas las que no quieren comer con los empleadores, por muchas razones, una de ellas tiene que ver con la idea que, construida o estereotipada, del prejuicio de que no comparte los mismos códigos culturales, con lo cual compartir un espacio como ese, tan íntimo, sería exponerse, eso dicho por muchísimas trabajadoras domésticas también. En una investigación con una historiadora vimos como en los últimos 50 años, para hacerlo muy sintético, en los últimos 10, 15 años, los juicios en los tribunales de servicio doméstico, la acusación mayoritaria a las trabajadoras que inician juicios, cuando eso es extremo, se las acusa de robo. Es decir, la narrativa moral que utilizan los empleadores para acusar en un juicio laboral implica mandar a la policía a la casa a buscar dos relojes, plata. Entonces la empleada queda manchada, manchado el juicio como que hubo algo en el medio, la trabajadora inició una acción legal porque no le pagaron ciertas cuestiones, porque considera injusto el vínculo o como se desarrolló y aquí los empleadores ponen esto del hurto como el elemento más fuerte. En el libro hablo de la profecía autocumplida, porque el relato de los empleadores es ex post facto: “yo sabía que esto iba a pasar”, dicen: “Yo sabía que me robaban cosas, pero cuando fueron cosas de valor, ahí explotó”, entonces van a buscar dinero, joyas y ciertos objetos de valor, tanto monetario como simbólico para la familia, supuestamente robados.

F.M.: -Hay algo de las relaciones en espejo que está claramente en la película. Esto lo trabajamos, y hasta formalmente la película tiene esa estructura, hay un espejo deformado que devuelve otro reflejo pasados de los hechos. Los espejos en el baño, que esos espejos van tomando otra forma hasta la última que es ese espejo como llorando, Cecilia llorando a través del espejo.

"Como de la familia", de Santiago Canevaro
“Como de la familia”, de Santiago Canevaro

S.C.:- Yo quiero decir algo de lo que dijo recién Francisco que me pareció sumamente interesante y va en la línea de lo que, de lo que va en mi libro, o sea no tanto para hablar de mi libro, pero sí para hablar algo como más general, me parece que en esa diferenciación entre justificación y entender o comprender es donde me parece que se sitúa el mayor desafío de trabajo como de Francisco y creo como el mío, de intentar, tratar de romper esto que dice él, romper la pantalla y reflexionar sobre algunos aspectos que hacen a una realidad que no solo se puede pensar desde el lugar de la denuncia, digamos de decir, eso es malo o es bueno, sino complejizarlo en el caso mío, con la historia con la antropología, en el caso de él con las herramientas de la estética y demás y ver como eso finalmente nos presentan problemas que son mucho más complejos que una resolución. Hoy en día se llamaría cómo resolver sobre la grieta, si es blanco o negro, no es para pensarlo en gris, pero si para ver, para comprenderlo en sus propios términos. No solo pensarlo como algo que tiene una resolución que uno previamente piensa, y en ese sentido y, para hablar un poco de mi libro, yo tengo una idea de algo de lo que vos dijiste que me resonó de la situación especular. Yo tengo una historia muy fuerte dentro del libro que habla de una trabajadora doméstica que llega a trabajar en un hogar, en donde la empleadora está recientemente separada y con problemas monetarios, que sería algo parecido a un modelo de relación, que se configura a imagen y semejanza, como dice la empleadora, ella creció a imagen y semejanza mía, y cuento toda la historia de cómo esta trabajadora de origen paraguayo tenía un vínculo muy cercano con los hijos, empezó a crecer en términos monetarios, a conseguir otra casa, después se fue de esa casa cama adentro donde trabajaba con retiro, se casó y empezó a asistir a un grupo de evangelistas, después compró su auto. Esta trabajadora se mudó a la esquina de la casa de la empleadora, porque la empleadora teme que puedan ingresar a su casa, otra gente, o sea teme por una otredad peor digamos, que eran los de enfrente que se iban a mudar a la esquina, se muda con la familia y un día le dice que corra el auto a la empleadora porque ella quiere alquilar ese espacio, porque ella necesita crecer, o sea la trabajadora fue tan a imagen y semejanza que hizo cruzar el umbral de la igualdad, correr el auto de la empleadora, ahí es cuando la empleadora pone digamos, un límite, una frontera moral, de clase. Un poco posicionando con la línea de la película, quién es quién acá, quién realmente corta el bacalao en esta relación y ahí es donde establece la distancia, la echa, pero sigue viviendo en la esquina de la casa, porque es una casa ocupada, entonces es muy interesante como, si uno las relaciones además de pensarlas que no son ni blanco ni negro, son relaciones que van mutando en el tiempo, no es la misma trabajadora la que entró, a la que después se detiene un hijo o el hijo es más grande, lo mismo que los empleadores que tienen hijos que necesitan una trabajadora todo el día, que necesitan una trabajadora solo por horas, y esa implicación de lo afectivo y lo laboral, tiene distintos matices a lo largo del tiempo de la relación y es en el momento en que se produce la ruptura que se expresa todo esto que mencionó Francisco. A mí me parece interesante leer el mapa completo de la situación, por qué esta persona reacciona o tiene esa actitud. En la película ella trata de reconstruir de alguna manera ese hilo de afectividad con esta trabajadora a partir de revisar lo que hizo, digamos, pero es interesante cómo lee. O sea, otra empleadora no lo hubiese leído en términos culposos, hubiese sido una reacción acorde con la situación social de ella, para decirlo en términos brutales.

Así, ya sea desde el cine o la academia, las relaciones -a veces peligrosas, como plantea Un crimen común o como se lee en Como de la familia– laborales no son solamente tales, sino que importan un espacio y una intimidad ajenas a la fábrica y las relaciones entre patronales y obreros. Las obras de Márquez y Canevaro ayudan a pensar esta sociabilidad que forma parte de una parte importante de las familias argentinas.

*Un crimen común, de Francisco Márquez, puede verse en los cines Gaumont, Showcase Belgrano, Hoyts Abasto, Showcase Norte, Cinépolis Pilar, Cinépolis Avellaneda, Hoyts Quilmes, Cine San Martín La Plata, Cinépolis Mendoza, Cine Teatro Renzi de La Banda y Círculo Italiano de Villa Regina.

A partir del jueves 15 de abril, en Hoyts Abasto, Gaumont, Cine Teatro Helios de El Palomar y Cine Municipal Zabala de Neuquén

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Fuente: Infobae

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