Noticias

El golpe de Estado en Birmania favorece el tráfico de drogas en Tailandia

Desde su pueblo, un centinela observa con sus prismáticos un barco de pesca sospechoso. Está en primera línea para detectar a los traficantes de droga, en momentos en que Tailandia espera la llegada masiva de metanfetaminas tras el golpe de Estado militar en la vecina Birmania.

Las incautaciones de “yaba” –nombre local para los comprimidos de metanfetamina– van en aumento, con un récord de más de 80 millones de comprimidos en estos últimos seis meses.

Y la ONU alerta de una próxima oleada después del freno a la economía legal en Birmania, tras el golpe de Estado del 1 de febrero que desencadenó manifestaciones violentamente reprimidas y motivó condenas internacionales a la junta militar.

“Si lo que ya ocurrió antes puede servir como indicador, veremos una nueva alza de la producción de drogas sintéticas”, estima Jeremy Douglas, representante regional de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Los grupos de crimen organizado y las milicias transfronterizas aprovechan los disturbios en Birmania para reforzar sus posiciones, explica a la AFP.

“La mejor manera de ganar mucho dinero rápidamente es el comercio de drogas, y están los elementos para que crezca”, agregó.

La cantidad de drogas sintéticas se disparó en varias zonas de Birmania, donde es la principal fuente de ingresos del crimen organizado y de grupos de milicias en los sectores cercanos a las fronteras con Laos y Tailandia.

El llamado “triángulo del oro”, en los confines de Birmania, Laos y Tailandia, es desde hace décadas el centro de la producción de drogas del sudeste asiático.

Este aumento de la oferta hizo caer el precio del comprimido de metanfetamina en Bangkok a 50 bahts (1,39 euros, 1,60 dólares).

– Vigilantes voluntarios –

La metanfetamina de cristal, la más potente, normalmente se envía a mercados más lejanos, como Australia y Japón, mucho más lucrativos.

Aunque se han reforzado las patrullas en la frontera birmana, los traficantes persisten.

Las autoridades tailandesas estiman que alrededor de tres cuartas partes de la droga que entra en su territorio transita por Laos.

La lucha contra el tráfico de metanfetamina entre los dos países, separados por el río Mekong, se ve socavada por la falta de personal y medios.

Y el bajo nivel del río, debido a la sequía y a las represas hidroeléctricas en China y Laos, obliga a aumentar las patrullas terrestres.

Desde hace unos meses, las autoridades recurren a grupos de voluntarios en pueblos a orillas del río para asegurar la vigilancia. Estos centinelas localizan a los traficantes que intentan mezclarse entre los pescadores del Mekong.

“Siempre detectamos los barcos con falsos pescadores”, explica Rachin Sinpho, de 58 años, jefe de un grupo de voluntarios en una aldea de la región de Nong Khai. “No se acercan a la orilla. Si salen muchos pescadores (…) ellos no se acercan y se mantienen a distancia”, afirmó.

Entre libélulas, señala un punto, en la orilla laosiana del Mekong, un hangar conocido por esconder una tonelada de comprimidos de yaba. Los traficantes sincronizan sus movimientos con los horarios de los relevos de los policías, cuenta este hombre.

Los voluntarios, que no van armados, no pueden detener a los traficantes, que sí que suelen llevar armas, pero informan a la policía de sus movimientos.

La última detención de peso se llevó a cabo en un pueblo vecino.

“Los traficantes transportaban los paquetes en sus barcos y escondían la drogas entre la hierba y los árboles de la ribera”, detalla Rachin.

“Enviaban un coche para recuperar la droga. Cuando el auto salía, la policía llegó y los detuvo, con cinco millones de comprimidos de yaba”, relató.

lpm/pdw/gle/lch/jhd/es/mis

Fuente: Infobae

Dejá una respuesta