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“Es un momento particular y universal”

Se recuerdan sus versiones de Discépolo (Muñeca) y más reciente de Sánchez (Trastorno). Actor, director, dramaturgo y docente teatral Pompeyo Audivert hoy estrena en su versión unipersonal titulada Habitación Macbeth, basado en Shakespeare. Además de adaptarla, actúa y también la dirige. Las funciones serán los sábados a las 21 y los domingos a las 20, en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación. 

—¿Qué se te interrumpió en marzo del 2020?

—Estábamos reponiendo Trastorno (La versión de El Pasado de Florencio Sánchez) en el C.C. Cooperación, luego de haber hecho una exitosa temporada en Mar del Plata donde ganamos tres Estrellas de Mar, entre ellas la de Mejor obra dramática. Fue muy duro, apenas llegamos a hacer aquí dos funciones y tuvimos que suspender por la pandemia.

—¿Por qué elegiste “Macbeth”? 

—La elegí porque habla de una compulsión criminal que acompaña al hombre desde siempre. Y también porque lo hace desde una visión que contempla lo sobrenatural, lo fantasmagórico, no solo una visión histórica del hombre, sino, también metafísica, es decir profundamente teatral. Creo que éste es un momento particularmente universal. La pandemia produjo una apertura de la conciencia colectiva. Reducidos a la casa, a nuestros cuerpos como último refugio, tomamos conciencia de nuestra pertenencia a un frente histórico común y devastado. No queda más remedio que pensarnos como especie. Esto hace que este tiempo que nos toca vivir sea un tiempo universal y profundamente colectivo. Las cuestiones nacionales pasan a un segundo plano, eso es bueno, porque de una vez por todas aparece la conciencia de nuestra interdependencia.

—¿Y el título?

—El planteo de cuerpo habitación, cuerpo habitado, abre a su vez nuevas perspectivas de sentido que se suman a las de la obra y trabajan con ella. Vinculadas a la identidad y circunstancias del cuerpo del actor, que, a partir de un trabajo así, se vuelven curiosas de por sí y abren nuevos interrogantes: ¿quién es el que actúa? ¿dónde está?¿es un loco?¿un preso?¿un interno?¿un antiguo payaso olvidado, náufrago de un mundo anterior?¿por qué está allí?¿quiénes lo detentan?¿para quién actúa? 

—¿Esta versión es fruto de la pandemia?

—Sí, como también lo son muchas de las obras de Shakespeare. Pero también es fruto de una mirada que tengo sobre el teatro y voy profundizando en cada obra que hago. Creo que el teatro es un ritual sacroprofano potentísimo que escruta identidad y pertenencia a un nivel extracotidiano. Discutiéndole a la realidad histórica su rol de realidad, revelándola como campo ficcional alienado, como lápida de una naturaleza poética que permanece latente y debe ser, hoy más que nunca, señalada. Habitación Macbeth es el intento de arrojar junto a Shakespeare un piedrazo en el espejo también en el nivel de las formas de producción, de transparentar la estructura soporte, la máquina teatral y su metáfora.

—El sueño y la sangre son aquí recurrentes: ¿cuál fue tu visión? 

—Creo que también es central el rol de la imaginación enferma. La imaginación de Macbeth rompe sus cauces, desafora, se vuelve vanguardia fantasmagórica de un pensamiento que, estimulado por ella, se torna obsesivo y toma el control de su ser, implicándolo abruptamente en un devenir asesino implacable. En su infinita paranoia, Macbeth, alcanza a atisbar su encrucijada, supone haber sido interceptado. Se interroga al respecto de si, asume ser víctima de una trampa teatral que lo detenta como habitáculo, válvula de escape de un conjuro imposible de romper: somos actores de una tragedia circular que ya está escrita.

“Soy un bicho teatral”

“Tuve Covid de una forma leve, pero fue feo igualmente”, confiesa Pompeyo Audivert. Recuerda cuando dirigió La señora Macbeth, versión de Griselda Gambaro. Asegura: “Retomé la cuestión espacial como asunto desencadenante de los sucesos. Un escenario despojado, pocos objetos, restos de un mundo en vías de extinción, allí un actor, que para mí es Clov, el personaje de Fin de Partida representa la obra Macbeth para Hécate, la reina de las brujas que está situada en la platea. Esta obra tiene muchos cruces con Beckett”. 

Como actor interpretó varias obras de Shakespeare: “Fueron experiencias hermosas. Eran visiones de dirección distintas, todas muy interesantes. Máximo Salas me dejó una señal de que el teatro es también un arte de devenires. Bartis me enseñó a no tener miedo, a animarme a todo sin conceder nada a nadie más que a mi propia percepción, y Lavelli fue un gran inductor del rol del espacio en la producción de un imaginario teatral. A los tres los recuerdo con admiración y cariño”. 

En febrero estrenó la película Manifiesto de Alejandro Rath y en la otra pantalla está ausente. Finaliza: “La televisión está en una crisis total. No me convocan porque perciben que tengo una mirada crítica hacia lo que se hace. Me parece bien que no me llamen, soy un bicho teatral y me gusta estar en un escenario. Los sets de televisión son radiactivos, dejan una vibración en el ser que es nociva”.

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Fuente: Perfil

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