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Inflación: contradicciones e ineficacia en el enfoque del gobierno

La inflación se aceleró. Hoy lo validará el informe del INDEC sobre enero, no muy distinto al de diciembre.

El gobierno no logra articular una estrategia eficaz para enfrentar el problema. Navega, como en casi todos los temas, entre diagnósticos y soluciones contradictorias.

Cristina bajó una línea basada en un repertorio técnico que le provee Axel Kicillof: profundizar congelamientos y controles de precios, pisar el dólar y empujar una mejora real de los salarios.

El Presidente pendula entre el consejo de sus economistas de confianza –Todesca y Kulfas– y las políticas que impulsa el ministro Guzmán, ajeno y a veces enfrentado a ese círculo íntimo.

La vicejefa de Gabinete y el ministro de Desarrollo Productivo, albertistas de la primera hora, coinciden más de lo que se piensa con Kicillof. Relativizan el efecto inflacionario de la emisión y militan convencidos el intervencionismo estatal para sujetar los precios.

Guzmán repite cada vez con mayor claridad que la emisión de pesos para financiar el déficit del Estado es la partera de la inflación. Y advierte al interior del Gobierno que los pesos excedentes corren al dólar y terminan forzado devaluaciones, que realimentan la inflación y pulverizan los salarios.

Una perspectiva que lo acerca a los diagnósticos de la ortodoxia liberal. Aunque las respuestas que propone tienen también componentes heterodoxos: cepo cambiario, atraso de tarifas y precios “coordinados” desde el gobierno.

Guzmán busca la bendición del Fondo Monetario para desplegar ese enfoque más integral del problema. Kristalina Giorgieva operaría como una proveedora de credibilidad en su consistencia. Y a la vez como una aliada de peso para fortalecer su poder menguado en la interna.

Alberto Fernández es más sensible que Cristina Kirchner a esos condicionamientos.

La líder de la coalición de Gobierno sostiene que el ajuste debe esperar. Su prioridad es mejorar las chances para las legislativas de este año. La economía –definió—debe subordinarse a ese objetivo.

Una condición implícita de esa estrategia es licuar las responsabilidades por la inflación y sus efectos devastadores. Necesita enemigos funcionales a ese propósito. Desde ya, el gobierno anterior, aunque no alcanza. Los ataques a los empresarios van en esa dirección.

Los argumentos de Guzmán, que ponen el acento en el déficit fiscal y la emisión, interfieren ese relato.

El presidente mantiene la estrategia de flotación entre los problemas reales de la economía y el equilibrio político del heterogéneo arco oficialista.

Un día se pinta la cara. Otro, como ayer con el campo, se viste de pacificador. Hasta que las demandas internas de radicalización vuelvan a subirlo al ring.

Fuente: Tribuna de Periodistas

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