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La familia Vicentin se desprende de los postres y yogures que le había comprado a SanCor

La pandemia le impuso su propio ritmo al destino de Vicentin, la líder agroindustrial que cayó en cesación de pagos en diciembre de 2019 y el Gobierno intentó expropiar en junio de 2020. El concurso, del que fue el mayor default privado desde 2001, se sigue tramitando y trascendió que a fin de mes se sabrá la propuesta de pago, vinculada a la cifra que propongan tres exportadoras que buscan comprar o utilizar sus plantas productivas.

A su vez la familia tiene bajo el paraguas Vicentin Family Group una serie de compañías que algunos sitúan en 30 firmas que quedaron fuera del concurso y que intenta vender. Claro que después de desprenderse del frigorífico Friar, en septiembre de 2020, esas transacciones quedaron inhibidas por la fiscalía de Rosario.

Así las cosas, se supo que estaría vendido el rubro de yogures y postrecitos que la familia había comprado a SanCor en 2016 por US$ 100 millones y que operaban bajo el paraguas de ARSA (Alimentos Refrigerados Sociedad Anónima). El mandato de venta había sido otorgado al ex Ernst & Young, Daniel Serventi. Y lo que aparecerá públicamente, a raíz de la inhibición judicial, es un cambio de management y un ajuste.

Una versión de fuentes del negocio lácteo indica que los compradores son Claudio Rafaniello, un argentino que se asoció al venezolano Manuel Fernández. La operación estará bajo el formato de cambio de management. También se menciona al fondo de inversiones BAF Capital, con sedes en Buenos Aires, Holanda, Uruguay y Brasil, que había participado en 2016 junto a Vicentin de la adquisición de esa línea de postres y yogures. Y curiosamente le compró el frigorífico Friar ubicado en la localidad santafesina de Reconquista.

El abogado Estanislao Bougain, director titular de Vicentin.

El abogado Estanislao Bougain, director titular de Vicentin.

En las empresas del Family Group hay otras sobre las que también rondan interesados como los Corrales de Nicanor, dedicada al engorde de miles de cabezas de ganado, la bodega en Mendoza que elabora exquisitos vinos y espumantes. Y Renopack una planta de envases para los aceites que elaboran a Victor Fera, de la marca Marolio.

En cuanto al interés conjunto de la Asociación de Cooperativas Argentinas, Molinos Agro y Viterra (ex Glencore y socio de Vicentin en la planta Renova la fábrica de aceite más moderna y eficiente del mundo) se desliza que el proceso de auditoría finalizaría a fin de mes. Y en ese momento se sabrá el precio de las plantas.

Los acreedores esperan ese número del que depende el pago de la cuantiosa deuda. Otros que muy atentos son los bancos internacionales agrupados en el comité de acreedores liderado por el BMO, banco de Desarrollo Holandés, 50% estatal, junto al cooperativo Rabobank. También tallan la CFI, el brazo financiero del Banco Mundial, los franceses Credit Agricole y Natixis, y en menor medida otros como el brasileño Itaú, que extienden líneas de pre financiación de exportaciones. En conjunto acumulan US$ 530 millones impagos. El comité de acreedores representa el 38% del pasivo del gigante agroindustrial que se calcula en US$ 1.400 millones.

Quienes están al tanto de este proceso sueltan que las definiciones están cerca. De esta manera, la firma que arrancaron los hermanos Máximo, Pedro y Roberto, llegados dese Italia en 1920, quedaría desguazada. Un final que se atribuye a un crecimiento demasiado veloz en los últimos años. Era auditada hasta 2018 por la consultora KPMG que habría advertido, entre otros aspectos objetables, que semejante expansión estuvo apalancada con deuda bancaria de corto plazo.

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Fuente: Clarín

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