Noticias

La muerte del fútbol | Gatillo fácil (14ª entrega)

Parte I – Memoria más o menos oficial

Mauricio Macri es nada más que un buen modelo de mal dirigente pero no es el único ni debe ser el peor. Ejemplifico con él, aquí, solo porque dejó marcadas las suelas de sus Aubercy (¿O Testoni?), zapatos de varios miles de euros, cuando pisó con su ampuloso hinchismo y desmedidas ambiciones particulares, la moqueta de la sala presidencial de Boca Juniors. Allí estuvo una docena de años, entre el 13 de diciembre de 1995 y el 1 de julio de 2008, tras impugnarse las elecciones ‘xeneizes’ del año anterior por haber fraguado avales, según constató la Inspección General de Justicia.

Fue tiempo más que suficiente para que Carlos Bianchi y sus jugadores nos hicieran creer a fanáticos y periodistas, que el hijo de don Franco, el padre que tanto lo desvalorizaba, pese a todo era bueno administrando. Nos engañó, claro; pero papá lo sabe todo… Luego lo sucedió en el poder boquense su más antiguo operador y hombre de confianza, Daniel Angelici, quien consiguió tapar todo lo que la oposición de entonces le hubiese descubierto, permitiéndole así dedicarse a la política para desgracia de sus compatriotas. En Boca fue igualmente indigno pero hizo más que por el país.

Reformó la ‘Bombonera’, construyó palcos vip, (¿cómo podrían no serlo?), contrató al impecable Bernardo Griffa para comandar las inferiores y al cotizado ‘Narigón’ Carlos Salvador Bilardo para la Primera División, acorraló al mismísimo Diego Maradona contra las cuerdas de su final de carrera y luego se adueñó del ‘Virrey’ que le dio tantos títulos como quizá no merecía, además de redimirlo en la casa paterna y salvarle la vida, como se verá en seguida. Con el prestigio y la historia de Boca atrás, Mauricio no pasó inadvertido y no le faltaron aplausos, aunque tuvo más de los merecidos porque la prensa deportiva lo exaltó con ‘cholulo’ sobreprecio. De cualquier modo, son palmas estadísticamente indiscutibles las que le transfirió Bianchi.

La muerte del fútbol | Sin chances de redención | (13ª entrega)

Más… entre bocinazos, Obelisco y serpentinas su traición a Boca quedó sepultada. Mal fue mencionada y, por ello, se llevó todos los votos boquenses que pudo a las urnas que lo eligieron Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, más tarde, presidente de los argentinos (también por gente como uno que creyó que nadie podría hacerlo peor que sus predecesores, pero Macri lo logró, hizo posible lo imposible), aunque esa es otra historia. Volvamos a Brandsen 805.

Mauricito tenía 35 años y ninguna cana cuando desembarcó en el mundo ‘xeneize’ y despidió al entrenador que había dado la vuelta olímpica en el ‘81, Silvio Marzolini. Contrató al campeón del mundo, Carlos Salvador Bilardo, para revolucionarlo todo junto a Juan Sebastián Verón y José Basualdo, los únicos dos fichajes que le permitía el libro de pases en esa ventana de transferencias. Pero el plantel ya contaba con Maradona, Claudio Caniggia, Cristian ‘Killy’ González y media docena de promesas con quienes fracasó. Nervioso, tras mirarse en el espejo de la realidad, seis meses después Macri se tira a la pileta. Invierte lo que Boca no tiene pero su padre le presta (y le audita) para que lo reproduzca: 23 millones de dólares de entonces, u$s 39 millones actuales.

Al barrio del mágico Benito Quinquela Martín llega un montón de jugadores que ese año no pintan títulos. Fernando Cáceres, Diego Cagna, Silvio Carrario, Hugo Romeo Guerra, Sandro Guzmán, Néstor Lorenzo, Héctor Pineda, Aníbal Matellán, Julio Toresani, Facundo Sava, Roberto Pompei y Juan Román Riquelme integran la nómina del fútbol local, repatriando, además, a Diego Latorre del Salamanca hispano y a Christian Dollberg del Colonia alemán. Y, por si al postre le faltase una frutilla, le compra el uruguayo Néstor Gabriel Cedrés a River Plate. Cartón lleno. Pero sin premio.

La muerte del fútbol | Zona liberada (Undécima entrega)

Toda esa abundancia alimenta un plantel caro, que, entre otros, continuaba con algunos cracks antes mencionados, más el arquero Carlos Navarro Montoya, Nelson Vivas, Marcelo Trobbiani, Sergio ‘Manteca’ Martínez y Néstor Fabbri. Suerte que era Boca, si hubiese sido Deportivo Armenio habría tenido más jugadores que hinchas… El ‘Narigón’ Bilardo no lo soporta al chico rico y, cabulero, se va antes de lo previsto porque el fracaso persigue a Mauricio y puede ser contagioso. Pero el heredero aprendió en casa, desde niño, algo que luego le reforzaron sus profesores americanos en las universidades de Warton y Columbia: que el dinero puede revertirlo casi todo… Insistirá.

Asume el siempre exitoso Héctor ‘Bambino’ Veira como Director Técnico y la administración Macri compra ocho jugadores más, entre ellos Roberto Abbondanzieri, Rodolfo Arruabarrena y Cristian Traverso, quienes más tarde triunfarían con esa camiseta. No en ese momento. ‘La mitad más uno’ vive otra frustración, por partida doble esta vez. Además de terminar en un oprobioso noveno puesto, ve al River de Ramón Díaz ser campeón, no solo en el fútbol local, también de América. Bochorno total… Llantos escondidos y un sentimiento terrible invaden al titular del club que parece quemarse en el fuego con el que quiso jugar. Mauricio comienza a reconocerse, a entender quién realmente era: nadie, apenas un heredero sin nada propio valioso.

En todo este proceso, sin embargo, lo ‘ayuda’ quien por conocerlo mejor que ningún otro mortal, no creía en él: su padre, Franco Macri, exitoso empresario y una de las cinco mayores fortunas del país. ¿Por qué lo ayuda si no apostaba en su sucesor familiar? Porque Franco, en negocios de automotores, había sido un antiguo socio de otro presidente de Boca, Alberto J. Armando y por él sabía lo mucho que ese club puede generar… “Ni vos, Mauricio, podés destruir a Boca, le habría dicho en una sobremesa de reproches, hiriéndolo frente a Isabel Menditeguy, su segunda mujer, con quien curiosa y coincidentemente convivió durante todo el ciclo ‘xeneize’.

La muerte del fútbol | Manos de guante blanco (Duodécima entrega)

Lo hería porque a esta altura Don Franco estaba disgustado, no por ver al mayor de sus seis hijos fracasar, algo que él presumía y por eso jamás ‘le puso una ficha’, sino porque los millones prestados (invertidos) hasta allí ‘en Boca Juniors’, para comprar jugadores de nivel, reproducir esos dólares y llegar a la luna y al sol, se estaban esfumando. Todos los cracks parecían valer menos de lo que valían cuando los adquirieron, poco tiempo antes. Contra cualquier previsión histórica, el Boca de Macri los devaluaba.  ¿Armando estaba equivocado con el potencial de Boca o yo estoy acertado con la inutilidad de mi hijo?”, le preguntaba a la almohada el patriarca nacido en Roma, Italia, en 1930.

Papá Macri, en su oficina de Socma, tras tomar un raro té con sus hermanos Ángelo y ‘Piucha’ que lo habían visitado por cuestiones familiares, relaja. Los despide y, solo, piensa. No en ellos, en su hijo ingeniero. Y decide no ponerle más ríos de dinero en su ‘chiche’ boquense, pero quiere recuperar lo aportado. Esa misma tarde llama a Julio Grondona para explicarle el problema en el que lo metió el primogénito. El sabio ferretero, titular de AFA y recién salido de la ducha en su casa de Sarandí, le dice que deportivamente no puede hacer nada, pero puede presentarle gente que tal vez le haga comprar y vender mejor sus jugadores.

Horas después, ya en el edificio de la calle Viamonte, en el barrio de Tribunales, Don Julio le devuelve el llamado. Le ofrece cuatro contactos de agentes de futbolistas. Franco los estudia y elige al que le pareció más serio, Gustavo Mascardi, en ese momento dueño de la cartera de cracks mejor cotizada del mercado local y quien anualmente alimentaba al plantel del bien sucedido River Plate. Mascardi no solo fue el primer agente reconocido en FIFA, también manejó a 160 jugadores de media docena de países y casi todos con nivel de Selección (solo el uruguayo Paco Casal tenía su tamaño). Valía la pena discar su número, como valió: Mascardi cambiaría el color rojo de las cuentas deportivas de los Macri, por un ‘azul boca’; sería el ‘Virrey’ de sus finanzas futboleras.

La muerte del fútbol | El cáliz envenenado (Décima entrega)

La primera reunión tripartita de Mauricio, su papá y el próspero representante ocurrió en enero del ‘97 en la propiedad que, en Manatiales, Punta del Este, posee la familia Macri. Allí se resuelve que, si Franco coloca a disposición de Mascardi otros 25 millones de dólares, sin que pueda olerlos Mauricio, se podrá intentar la recuperación de la inversión inicial. Y también la de algunos otros millones que el progenitor había gastado en la campaña para que ‘el pibe’ llegue a la presidencia ‘xeneize’… “Si no es con dinero, este no va ni a la esquina”, le decía siempre Franco a uno de sus conocidos que, en marzo de 2019, no estuvo en su entierro.

Así, tras ‘El pacto de Manantiales’, firman con Boca otros diez jugadores, tales como los mellizos Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, los colombianos Jorge ‘Patrón’ Bermúdez y el arquero Oscar Córdoba, el peruano nolberto Solano y Martín Palermo. Boca mejora bastante en el torneo siguiente, mostrándole a Franco lo que él ya sabía, que si se eligen bien los jugadores y su hijo no se mete, el negocio camina. Pero River vuelve a dar la vuelta olímpica para frustración de Mauricio y de todos los involucrados. A esta altura, coleccionar fracasos parecía un hobby más apropiado que el pilotaje de aviones, por lo menos para el chico que quería ser grande como su papá y no podía. Dejándose los bigotes no alcanzaba…

Raro, pero por entonces nadie se preguntaba de dónde salía tanto dinero para comprar tantos futbolistas. Mauricio es un comprador compulsivo, un ‘shopaholics’, en los días de hoy manifiesta esa adicción adquiriendo digitalmente cualquier porquería, todo el tiempo, en Mercado Libre, pero aquellos eran jugadores de renombre, caros… Claro, era Boca; ese gran camuflaje por un lado y por otro la necesidad de recuperar la gloria perdida: en dos décadas había ganado un solo campeonato (el Apertura del 92, con el ‘Maestro’ Oscar Tabárez, cuando empató ante San Martín de Tucumán, en la última fecha).

La muerte del fútbol | El VAR es una puñalada por la espalda | (Novena entrega)

Así, en la siguiente ventana de transferencias, entre torneos de una misma temporada, se incorpora otra media docena de jugadores, pero con cartel apenas llega otro colombiano rendidor, Mauricio ‘Chicho’ Serna. No obstante, el ‘Bambino’ Veira también da el portazo, se va antes del final del campeonato y Vélez Sarsfield, que vive sus años dorados con Carlos Bianchi y los juveniles del club, aparece en los posters que muestran al nuevo y también repetido campeón. Entonces, o festejaba River o festejaba Vélez que hasta había sido campeón mundial. A favor, una sola cosa: Mauricio ya no le hacía perder dinero a quien un día lo habría amenazado con mandarlo a su firma Manliba, pero no al directorio, sino a la recolección de basura.

El ingeniero soñaba con ‘taparle la boca’. Quería ser campeón para comenzar a ser alguien. Era el invierno del 98 y sucede el milagro de la transformación de los peces porque, como decía Grondona, “siempre que llovió, paró”. El famoso ‘Virrey’ desembarca en los entrenamientos de Casa Amarilla para escribir un capítulo distinto y vencedor, el que haría explotar de locura a la ‘Bombonera’. Un capítulo que al esmirriado heredero, nacido en Tandil y criado en Barrio Parque, le cambió la vida para siempre. En todos los aspectos.

Boca terminará siendo campeón del mundo. La gente estará contenta y saltará de alegría. Los hinchas auriazules parecerán notas musicales salidas de aquella canción de Palito Ortega “La felicidad ja ja ja ja / me la dio tu amor jo jo jo jo / hoy hace cantar ahahahah / a mi corazón ohohohoh”, para disgusto del tucumano cantautor, fanático de River… Paralelamente, para suerte de Mauricito que pronto comenzará a ‘creérsela’ recuperando al narcisista que fue en su infancia, en tanto Boca vivía una década irrepetible, Franco, Mascardi y Bianchi ‘permanecen ahí’. Las ánforas de todos están llenas a tope y sirven de ancla…

La muerte del fútbol | La Caja de Pandora (séptima entrega)

Padre, agente y entrenador son las muletas que, sin quererlo, lo harán pensar en ‘algo más trascedente’. Él cree que Boca ganó todo lo que ganó por su gestión. Es cuando interpreta que no pertenece al ethos boquense, popular y criollo, y supone que ‘está para más’. Un amigo psicólogo dice que entonces sufría de “dismorfía en el rostro de su carácter”, hoy tal vez corregida porque le pasaron cosas que por su trascendencia él cree que fueron buenas, sin percibir los resultados finales y su horrible imagen pública actual… Esa es la historia oficial, relativamente conocida. Nada demasiado nuevo hasta aquí, apenas un reconocimiento del territorio sobre el cual se avanzará ahora.

Parte II – La historia ya denunciada

Atrás de esos eufóricos registros, asentados en los libros oficiales y coloreados en los medios periodísticos, en otras páginas sin folio o todavía en blanco, hay más para descifrar y escribir. Todo aquello que nunca fue revelado a los eufóricos hinchas. Pero antes, lo ya denunciado… En un país que primero fue menemista y les permitió conocer Miami y luego los cacheteó con la realidad ‘delarruana’ y etc. etc., por falta de acceso transparente a la información, los boquenses nunca supieron de las tramas secretas tejidas en medio a toda esa embriaguez de títulos. Ni de los intereses personales de Mauricio Macri antepuestos a los del club que le habían confiado. Que presidía y usaba. O se negaron a oír lo que el vicepresidente del club, Roberto Digón, desvendaba internamente. Pero vayamos por partes…

Quien más sabe de todo esto, porque lo vivió como salvador primero y víctima después, pero se llevará todo a su tumba, es Gustavo Mascardi”, acicatea mi fuente macrista. El agente, intermediario y representante, de bajo perfil, no hablará porque gran parte de su éxito se lo debe a su sabia discreción. Conchabado con Don Franco, en un acuerdo de 40-60%, él siempre operó en eficiente silencio, como sus hermanos, Alejandro y Emilio, asociados a la agencia Football Management (since 1985) quienes se distribuían las comisiones lucradas con los jugadores de Franco… ¡Alto ahí! Jugadores del inversor Franco pero luego jugadores del recaudador Mauricio, querrá decir… Exacto. Esa es la gran guiñada de la historia y la felonía de MM a Boca.

Quien quiso ser el centro delantero de su cuadro jugando gratis porque era rico, pero también era patadura, hizo algunas travesuras a contramano de Boca y ciertos negocios eludiendo el mando y la vigilancia de su papá. “Nunca fue un genio, pero tampoco era el bobo que subestimaba su padre”, dicen frecuentadores de la agenda que abandonó al entrar a la política. Aquí es cuando lo particular prevalece sobre lo –digamos– público. Y es cuando aparece en escena el hasta allí ‘solo escribano’ Gustavo Arribas, conocido más tarde por liderar, durante el gobierno macrista, la polémica Dirección General de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), antigua y vergonzosa SIDE.

La muerte del fútbol | Desarraigo y ‘Clubicidio’ (quinta entrega)

Mauricio y Arribas, unidos por el sentimiento boquense, se conocieron por pura casualidad en la quinta ‘Los Abrojos’, propiedad de Franco, un sábado de fútbol vespertino. A ‘Los Cardenales’, el equipo del dueño de casa,  le faltó el centre-half en un partido clave del Interquintas y Arribas, que había jugado un cotejo anterior, seguía allí, esperando los choripanes. Termina integrando el cuadro de Macri y comienza a reeditar su vida. Astuto, como buen porteño, le da unos diez pases gol a Mauricio para que meta por lo menos uno… Y este ‘pica’, lo invita a incorporarse al equipo en su inminente y prevista presentación en Miami, a semejanza de un Real Madrid de mentiritas, pero con lujos verdaderos. De la quinta en Los Polvorines a la tierra del Tío Sam en un ‘toco y me quedo’, mejor que el famoso ‘toco y me voy’ de Luisito Pentrelli…

Nace una relación que luego será amistad. Arribas, haciendo honor a su apellido y quizá por ese vínculo y ningún otro factor, una mañana de tantas despierta transformado en representante de jugadores… ¿Yo? Sí, vos. Y de allí a hacer negocios juntos es un suspiro porque todo comenzó, con ese propósito, por sugerencia del propio Mauricio, como supone la Justicia. ¿El huevo o la gallina? El ambiente del fútbol certifica la nueva actividad del escribano, en 2005, porque es él quien efectúa el pase de Carlitos Tévez a Corinthians de Brasil.

Las cartas están echadas y los ases están repartidos en este póker de cuatro. Franco y Mascardi por un lado, el oficial y asentado en libros del club, y Mauricio y Arribas del otro lado de la mesa, iluminados con luz menos diáfana, aunque entre ellos siempre consiguieron verse las señas… Y allá van. Unos y otros cabalgando sobre la solidez del lomo boquense que comenzaba a reencontrar su destino de inobjetable grandeza. El ‘efecto dominó’, en este caso, es positivo.

La muerte del fútbol | Un grito de socorro (tercera entrega)

Más tarde, el entonces clase media y futuro jefe de los Servicios de Inteligencia, se muda al edificio ‘upScale’ de la rúa Diogo Jácome, en Vila Nova Conceição, de San Pablo, Brasil. Desde allí compra un porcentaje del millonario pase del joven Jonathan Calleri, atacante de Boca –sobrino de Néstor Fabbri y criado futbolísticamente en All Boys–, que será vendido al club San Pablo y enseguida seguirá viaje a Europa. Traspaso que, por sus triangulaciones con el club Maldonado de Uruguay, donde nunca jugó, configuró una supuesta ‘comisión de delitos’ (conducta contraria a la norma jurídico-penal) que en 2016 le valió a Arribas una investigación en la Comisión de Acuerdos del Senado argentino.

Para muchos observadores próximos, como Roberto Digón, ex secretario general del Sindicato Único de Empleados del Tabaco de la República Argentina (SUETRA) y actual vicepresidente tercero de Boca Juniors, Gustavo Arribas con cuentas en paraísos fiscales, descubiertas cuando el Panamá Papers, solo manejaba dinero de Mauricio. Concretamente era el testaferro de Macri. Digón fue el único que los acusó, aunque recién lo hizo públicamente años más tarde: “Macri y Arribas se quedaban con el 15% de los pases de los jugadores de Boca; los cheques de esos porcentajes iban a cuentas en Suiza. Por eso me fui en 2004”.

Merece explicarse que el reglamento de transferencias internacionales indica que el jugador recibe, del club que lo transfiere, el 15% del valor total del pase. Muchos clubes ‘aprietan’ a los jugadores para que no se lo cobren y algunos de ellos, con tal de no perder la oportunidad de irse, aceptan. Boca, por orden de Macri, pagaba rigurosamente ese porcentaje, que después no llegaba a los futbolistas. Su socio Arribas lo retenía.

La muerte del fútbol | Un tiro en el pie (primera entrega)

Lo que el directivo explicó alguna vez y se transcribió párrafos más arriba, es que el cheque que firmaba Macri en Boca, como presidente del club vendedor, se depositaba en una cuenta numerada, perteneciente al mismo Macri (o tal vez a nombre de Arribas), en un banco suizo. Mauricio pudo haberle hecho ganar ese dinero a la institución o haber dejado más rica a la decena de jugadores que transfirió. No hizo ni una cosa ni otra, buscó el beneficio propio. El sindicalista nunca fue desmentido. Esta prueba avala lo que se contará algunas líneas más abajo.

Cierto es que el inquieto Mauricio, también golfista aficionado con 9 de hándicap, en la administración de Boca no tenía hoyos donde embocarla. La gente que podría ser de su confianza, allí, le respondía a un externo, a Don Franco, quien lo auditaba mensualmente para detener a tiempo sus deslices (“¡Debió auditarlo de ese modo con las cuentas del país, años más tarde!”, refunfuña la fuente). Así, supervisado severamente por su padre, Mauricio encontró en su flamante alfil Arribas, la vía de escape que necesitaba. Sapo de otro pozo, le cayó del cielo, tanto que el aun joven presidente auriazul lo oficializó como hombre suyo en el club. Por fin tenía alguien fiel a él, además del ‘Tano’ Daniel Angelici.

El ex alumno de Cardenal Newman le dio a Gustavo Arribas las llaves del reino: las del departamento de transferencias y todo el control operacional de jugadores, para, a la vez, intentar su propio y pulposo negocio de compra y venta de profesionales (¿Una Pyme?). Ahora era un hecho, estaba compitiéndole a su padre quien, paralelamente, había enderezado casi todas sus inversiones en el fútbol gracias a los servicios de Gustavo Mascardi. “Donde pone el ojo, pone la bala”, decía del agente el que luego sería pareja de la presentadora de Canal 9, Flavia Palmiero.

La muerte del fútbol | Engañame que me gusta (segunda entrega)

Roberto Digón, el dirigente más longevo de Boca, también supo contar que Macri, antes que a Bianchi deseaba contratar a Daniel Passarella y que le cerró las puertas a Caniggia cuando quiso volver al club para un segundo ciclo. También explicó que el futuro presidente de la nación perdió por un año a Bianchi, en 2002, porque el técnico pretendía que se retuviesen algunos cracks, que Mauricio vendió porque ya estaba en el negocio de los jugadores con Arribas. Personaje este último que fue denunciado por la diputada chaqueña Elisa ‘Lilita’ Carrió, y por ello lo imputó el fiscal Francisco Delgado, además de verse complicado en el famoso ‘Lava-Jato’ brasileño, en este caso por una difusa propina de 600 mil dólares de la híper-corrupta constructora Odebrecht, que habría recibido ¿para repasar al ingeniero?

Sorprende que en Boca nunca se investigara tanto flujo de dinero del padre del presidente y algunas ‘rupias’ de Boca, fondos que Mauricio movió con su ‘ejecutante’ Arribas. Así como llama la atención que las acusaciones de Digón hayan quedado en eso, en denuncias periodísticas. Macri debió haber sido cuestionado en las asambleas de la institución. Aunque  eso no es lo más artero. Hay más y es lo que ni siquiera el también fundador y presidente de la ‘Agrupación Nuevo Boca’, Digón, ventiló alguna vez…

Parte III – La historia jamás contada

 

Por lo menos tres futbolistas extranjeros de categoría y de Selección, que irían a Boca cuando él era presidente, Macri los desvió a otros clubes, rivales ‘xeneizes’ y no cualquier rival. Ese desvío ya es, de por sí, moralmente grave, pero pasa a ser gravísimo porque dos de ellos fueron a parar a… ¡River Plate! Y el tercero recaló en San Lorenzo de Almagro. Tres profesionales que la fuente de este cronista consigue identificar con precisión, pero él sabe que fueron más que tres…

A los ‘Millonarios’ se los eligió porque en momento se revalorizaban más rápidamente en Nuñez que a orillas del Riachuelo y podrían venderse mejor desde el River campeón que desde un Boca todavía en construcción. Por qué se escogió a San Lorenzo todavía hoy se desconoce el motivo exacto, solo se sabe que también fue económico. “Macri no quería tanto que gane Boca como ganar él”, se despacha quién lo conoce y entiende de estos meandros, en tanto informa a este periodista.

Los tres jugadores fueron nada menos que el chileno Marcelo Salas y los colombianos Juan Pablo Ángel e Iván Ramiro Córdoba. El goleador trasandino llegó a la entidad que presidia David Pintado, desde la ‘U’ de Santiago, en 1996, por 2,7 millones de euros, siendo vendido en 1998 a la Lazio de Roma, Italia en 16,5 millones de euros, según nos recuerda Transfermarket. Margen de 13,8 millones en moneda europea. Ese mismo año, de algún modo, al irse lo sustituyó el atacante de Atlético Nacional de Medellín, Juan Pablo Ángel, tomado en préstamo por 420 mil euros, comprado en 2 millones de euros en la temporada siguiente y vendido un torneo después al Aston Villa inglés, en 14,4 millones. Lucro de casi 12 millones de euros.

La muerte del fútbol | Mala praxis (cuarta entrega)

Surfeando la onda positiva que acabaría junto al famoso ‘uno a ‘uno’ de la Ley de Convertibilidad, del ministro de economía Domingo Cavallo, también en esa temporada del ’98 y procedente del mismo club colombiano (¿casualidad?), el back central Iván Ramiro Córdoba firmó en San Lorenzo. El club de Boedo, entonces presidido por Fernando Miele, adquirió el 40% del pase por 1,4 millones de euros. Córdoba se transfirió en el año 2000, a Italia, en este caso al Inter de Milán, por 22,1 millones de euros (el zaguero central más caro de la historia mundial hasta allí). Beneficio de 20,7 millones en moneda europea. Salas volvería al club de Núñez en 2003, el resto no regresaría nunca más… Sumadas las tres diferencias de valores, se llega a un lucro de casi 50 millones de euros en un periodo de cuatro años. Locura.

La operatoria era intelectualmente simple pero ejecutivamente compleja, porque no podía trascender. Ni para los hinchas ‘xeneizes’ ni para Franco Macri. Hasta Mascardi era burlado, porque el intermediario reclutaba cracks pensando que militarían en Boca, como todos los otros que llevó, solo que allí, por orden de Mauricio, el escribano Arribas impedía que llegasen a ese destino. A Mascardi se le justificaba el desvío de ruta diciéndole que el entrenador no los quería o, como ocurrió en el caso de Salas: se le hizo decir al propio jugador que no aceptaba ir a préstamo a Boca. Con excusas por el estilo se le pedía al representante para recolocarlos inmediatamente en las otras vidrieras, supuestamente ya amarradas.

No puede negarse que acertaron en cuanto al negocio y a la calidad de los electos, tanto en los clubes depositarios como en los jugadores negociados. Mauricio contó tantos millones como los que finalmente contó Franco al invertir en futbolistas. Los gustavos, Mascardi y Arribas, también ganaron jugosas comisiones, cada uno en su debida proporción y más de lo que juntaron en ningún otro momento de sus vidas. Solo que Mauricio había echado alas, ya tenía vuelo propio y así como le dio la bendición a Gustavo Arribas, imprecó con Gustavo Mascardi, le hizo la cruz. No, como ya escuché por ser amigo del belga Bruno Barbier, primer esposo de Juliana Awada –su tercera mujer–, porque ese cruce de relaciones sentimentales fue muy posterior. Sino por otro tipo de celos.

Los repetidos aciertos del agente futbolero, puntualmente elogiados por Franco, comenzaron a irritar al ‘Cartonero Báez’, tal como Maradona llamaba a Mauricio. Le tenía ojeriza; tanta que Mascardi, años más tarde, cuando Macri se tornó presidente argentino, necesitó mudarse a Madrid, donde aún vive con su segunda esposa. Mauricio le enviaba los fiscales de AFIP, a golpearle la puerta, todos los días. Y su otro operador, Daniel ‘Tano’ Angelici, le complicó la vida judicialmente a uno de sus hermanos, no por causa propia. Mandado. ¿Ingratitud? ¿No ganó con él y gracias a él más dinero del que mereció y no le correspondía?

Parte IV – El final de la historia

Ahora, lector auriazul, antes de martirizarse con un imaginario harakiri y aunque esto le refuerce la idea, piense que en esos años, en la zaga de Boca jugó Aníbal Matellán en vez de Iván Córdoba y en el ataque actuó Hugo Romeo Guerra en lugar de Marcelo Salas; y luego el ‘Rifle’ Pandolfi ocupó el puesto que debió ser de Juan Pablo Ángel… Diferencias substanciales. El milagrero Bianchi colocó a Boca y a Macri en el altar de la visibilidad que tanto ansiaba y evitó la hecatombe que podría haberlo asombrado…

Hubo mérito de Juan Román, Riquelme, Guillermo Barros Schelotto, Carlitos Tévez, el ‘Negro’ Ibarra, Martín Palermo, el ‘Flaco’ Schiavi y muchos otros, pero fue el comando del ‘Virrey’ el que impidió lo que pudo ser una tragedia si los resultados hubieren sido negativos. Pero salió bien, pese a Macri, porque fenómenos sobrenaturales acontecen y este, probablemente, fue uno de ellos. Y ahí están todos. Ricos y renombrados, unos más que otros, pero todos muy bien, aunque Mauricio se haya aislado de todos ellos. Solamente no pudo apartarse de la suspicacia que lo envuelve.

Macri tampoco está bien con el famoso ‘Virrey’ de Liniers, a quien le debe la vida, hasta sospecho que literalmente, porque difícilmente ‘la Doce’, si Boca hubiese perdido como lo hacía antes de Bianchi, lo hubiera perdonado al golfista que hoy preside a la nebulosa Fundación de la FIFA. “Macri dice haberse enojado cuando Bianchi lo dejó hablando solo en una conferencia de prensa, pero quien se alejó fue Bianchi porque es un tipo con valores, como Riquelme, otro que no puede ni verlo a Mauricio”, apunta la fuente, que prefiere conservar el anonimato por temor a represalias, pero coincide con Digón.

El presidente que la Argentina no tuvo

Lamentablemente, en el fútbol se naturalizó el encubrimiento de maniobras denunciables por causa de los éxitos que, en medio de ellas, se festejan; un triunfalismo que daña tanto al fútbol como los propios dolos. Aunque… Justo es decirlo, no todas las trampas ni todas las intrigas son necesariamente ilícitas. Quien haya visto en Netflix la flamante comedia negra ‘I care a lot’, traducida al español ‘Descuida, yo te cuido’, del guionista y director británico Jonathan Blakeson, con Rosamund Pike en el papel de Marla Grayson, entenderá exactamente lo que hizo Mauricio Macri en Boca.

Los abusos que la cuidadora de ancianos practica son inhumanos, pero no son ilegales, salvo los sobornos que paga. Más aún, el sistema americano, en este caso, parece creado para que personas inescrupulosas como ella encuentren brechas en la ley y se aprovechen de circunstancias en las que nadie honesto se tentaría. Marla Grayson en la serie recuerda al Mauricio de Boca y los indefensos viejitos representan al club y al fútbol. “Hacer las cosas bien es un chiste que inventaron los ricos para mantener en la pobreza al resto”, recita la protagonista justificando sus engaños; ¿no podría repetirlo el ex presidente boquense, después de lo que acabamos de repasar?

Lo de Mauricio Macri fue desleal y antiético. Aunque cualquier hincha, enterado oportunamente y sin la gloria que le endosó Bianchi, lo derrocaría sin pensarlo dos veces. Lo haría caer por infiel y por anteponer su ganancia personal a los intereses del club. Dirigentes que acompañaron su gestión pero estuvieron ajenos a ‘todo esto’, coincidirán en la calificación final que merece su ‘doble juego’: traición… Según el diccionario de la Real Academia Española, del latín traditĭo, -ōnis: “Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”. Tal vez podría ser encuadrado en ‘improbidad administrativa’, pero nada legalmente más punible. Pena.

¡Viva la Argentina, abajo los argentinos!

Claro que Macri, cuando asumió en Boca, no apoyó su mano sobre la Biblia o la Constitución, ni juró que “Dios y la patria me lo demanden”, pero no jugó limpio. Debiese ser investigado y juzgado en el club por un tribunal interno y, si confirmados estos dichos, no podría continuar siendo socio. Toda justicia es bienvenida y nunca es tarde para impartirse. La honra, la honestidad y la lealtad son fruto de una práctica diaria, que al no ejercitarse están matando al fútbol por su ausencia. En tanto, la tentación es un arma cargada esperando ser disparada. Y hay demasiados casos de gatillo fácil. El autor del libro ‘Primer Tiempo’ parece ser uno de ellos.

Posdata: Lamento profundamente el fallecimiento, por causa de Covid-19, de don Miguel Ángel Hollman, presidente del club Patronato de Paraná. Elogié a Don Tito en la séptima entrega de esta serie, cuando ya estaba internado, por ser uno de los pocos dirigentes aptos a comandar un club en el fútbol argentino. Su honestidad se lleva, junto a sus 71 años, un poco de la esperanza de salvación que ya no existe, pero uno se inventa para seguir creyendo… Descanse en paz, raro señor, íntegro y cabal, austero y decente. Sentiremos su ausencia en este mundo injusto que nos deja sin quienes debiesen quedarse para siempre.

Continuará…

* Ex director asociado de ‘Diario Perfil’ y creador de la icónica revista ‘Solo Fútbol’.

También te puede interesar

Fuente: Perfil

Dejá una respuesta