Noticias

Los estudiantes sudafricanos se movilizan por una universidad gratuita

Cuando Itumeleng Chalele, estudiante sudafricano, se fue de su ciudad natal de Qwaqwa, un antiguo “bantustán” reservado para los negros durante el apartheid, estaba lleno de ilusiones.

Con el dinero justo para pagar los gastos de la matrícula, en 2016 se fue a estudiar a la universidad de Johannesburgo.

Pero cinco años más tarde y una beca, el joven de 23 años acumula una deuda de 7.600 euros (8.900 dólares). En enero fue excluido de la carrera.

“La experiencia fue difícil. Cada año fue difícil”, cuenta. Criado por su abuela en un hogar de siete personas, aspiraba a salir de la pobreza que marcó su vida.

La semana pasada, se unió a centenares de estudiantes que se manifestaron en toda Sudáfrica para reclamar la gratuidad de la educación. Bloquearon carreteras, quemaron basureros, forzaron a los comercios a cerrar y se enfrentaron a la policía.

Las manifestaciones esporádicas empezaron a principios de enero después de que el ministro de Educación Superior, Blade Nzimande, anunció que algunos estudiantes iban a ser excluidos de un programa de becas financiado por el gobierno.

Con la crisis que ha generado la pandemia de covid-19, las ayudas del Estado también han sufrido los recortes presupuestarios.

Durante las manifestaciones, un hombre de 35 años, urbanista, murió por bala en los tiroteos cruzados entre la policía y los estudiantes.

– “Un verdadero combate” –

Amogelo Mabote, de 21 años, una estudiante en la universidad de Witwatersrand (Wits), con poco dinero, también se unió al movimiento. “Ha sido duro. No tenía los 9.000 rands [500 euros, 590 dólares] que pedían. Mis padres estaban agobiados”, cuenta esta joven desamparada que al final pudo matricularse.

Encontrar fondos fue “un verdadero combate” para esta joven que todavía adeuda a la universidad el equivalente a 2.360 dólares.

Estos últimos años, se han registrado disturbios en las universidades sudafricanas debido a las tasas universitarias cada vez más altas y que excluyen a los estudiantes más pobres, a menudo negros, de la enseñanza superior.

Los manifestantes que salen a las calles actualmente proceden principalmente de dos grupos: los que nacieron “libres” tras el fin del apartheid y los que nos son bastante pobres para beneficiarse de las becas, ni lo suficiente ricos para financiar solos sus estudios.

El ministro explicó en el Parlamento que en “cada inicio de curso, hay inestabilidad” como en las series de televisión de varios capítulos.

Se comprometió a poner fin a la crisis mientras aumenta la frustración ante las desigualdades que persisten cerca de 30 años después del fin del reino de la minoría blanca.

El derecho a la educación es esencial para poner fin de una vez por todas al apartheid pero Sudáfrica tiene dirigentes “que no hacen más que dejarlo de lado”, fustiga David Monyae, politólogo de la universidad de Johannesburgo.

En 2015, hubo manifestaciones en todo el país de estudiantes que reclamaban la gratuidad de los estudios con la etiqueta #FeesMustFall (“Las tasas deben bajar”). Dos años después, el expresidente Jacob Zuma prometió la gratuidad a los estudiantes pobres y de la clase obrera.

Est años, el gobierno ya ha aprobado la concesión de 2.400 millones de euros (2.800 millones de dólares) más para becas. Estas ayudas cubren la matrícula, la escolaridad, el alojamiento y la alimentación de los estudiantes cuyos padres ganan menos de 19.500 euros (23.000 dólares) anuales.

Algunas universidades han autorizado a los estudiantes reanudar los estudios para “calmar los ánimos”, según Itumeleng Chalele, pero los sindicatos de estudiantes todavía no han bajado los brazos.

ho/sn/tgb-ri/hba/cld/af/pc

Fuente: Infobae

Dejá una respuesta