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Marta Cohen: “Lo importante será contabilizar cuántas muertes totales más se produjeron en la pandemia”

—¿En todos estos datos de comparación de fallecidos, infectados, testeos, puede haber diferencias epistemológicas sobre estadísticas? En Alemania se habla del matiz entre muertos de covid-19 o con covid-19. Nos cuesta entender que en Brasil, con una política menos rigurosa en el combate del coronavirus, la cantidad de muertos por habitante no parece ser tan distinta de la Argentina. ¿Habrá una nueva cuenta cuando todo termine?

—Un factor es el número de muertos por covid-19. Es proporcionalmente muy alto. Pero porque el número de infectados fue más del doble de los que se identificaron. Es porque Argentina no realizó los tests suficientes. Argentina está en el orden de 100 mil diarios. El día que hacemos este reportaje se hicieron 1.300.000 tests, y en Argentina 40 mil. No se identificaron todos los casos. Y seguramente hubo más casos de muertos con covid-19. Personas que quizá tuvieron una embolia y no se sabía que padecían la enfermedad y, por tanto, no fueron diagnosticadas. La pregunta alude a lo que se llama exceso de muertes. Sucedió en todo el mundo. No son fallecimientos necesariamente por covid-19, pero sí son muertes que deberían haberse evitado. Ocurrieron porque el sistema de salud estaba atendiendo la pandemia. En Europa hubo un 50% más. Inciden ambos factores.

—¿No estará allí la verdadera medida? Viví en Brasil y me sorprende que la cantidad de muertos por covid no sea mayor proporcionalmente a la población. Supongo que debe pasar algo similar en India y en otros países.

—Lo que importa es cuántas personas murieron, con covid o como consecuencia de la pandemia. El Reino Unido tiene un sistema público de salud muy bueno. Aun así, hay cinco millones de personas en lista de espera. Seguramente muchas tienen un cáncer que progresó durante la pandemia y no fueron atendidas. Esto tendrá efectos. Lo importante será contabilizar cuántas muertes más se produjeron en la pandemia, por covid-19 o como consecuencia de no tener la atención necesaria.

“Hoy, septiembre de 2021, recomendaría no vacunar a los chicos”

—En las últimas publicaciones tuyas en Instagram describís las conclusiones de un estudio de la Universidad de Oxford, publicado por el “British Medical Journal”, que confirma resultados positivos sobre los efectos secundarios de las vacunas. ¿Todas las vacunas son buenas?

—Todavía no lo sabemos. Las vacunas a las que se tuvo más miedo fueron aquellas como la de Oxford, específicamente por la trombosis. Sin embargo, ahora las de virus ARN mensajero, las sintéticas, también se sabe que pueden producir efectos secundarios como miocarditis o trombosis. No sabemos qué pasará a largo plazo, porque fueron aprobadas de manera temporaria por emergencia. La única aprobada de manera definitiva es la de Pfizer, por la FDA y solamente para adultos. No sabemos qué sucederá con las vacunas de ARN mensajero a largo plazo, porque es un mensaje genético que se introduce en una célula que, utilizando la maquinaria celular, produce una proteína que simula el antígeno viral para despertar respuesta inmune. No sabemos a largo plazo si esto puede traer alguna consecuencia o no. Es muy importante analizar el costo/beneficio. Ver el riesgo de la enfermedad y el beneficio de la vacuna. Si beneficia contra la enfermedad, aunque tenga complicaciones, vamos con la vacuna. Por eso hay que ver qué pasa con vacunar a niños sanos, que tienen muy bajo riesgo de morir. Pensamos que el riesgo será mínimo, pero no sabemos porque el tiempo no pasó todavía.

—¿Recomendarías vacunar a los chicos?

—En este momento, hoy, septiembre de 2021, diría que no. Por varias razones. La mortalidad de los niños sanos por covid-19 es de 0,17 cada 100 mil habitantes sin comorbilidades. No conocemos el riesgo de la vacuna a largo plazo. Las vacunas por ARN mensajero pueden producir miocarditis. Todos los chicos hasta ahora se recuperaron, pero algunos requirieron terapia intensiva. Algunas vacunas de ARN mensajero pueden despertar lo que se llama síndrome inflamatorio o multisistémico asociado a covid-19. También podría ocurrir por la vacuna. Hubo poquitos casos, y son todos chicos sanos vacunados. Entonces, el beneficio de la vacuna no es mayor que el riesgo, no lo justifica. Además, está la cuestión de la equidad. El mundo debe estar vacunado. Las variantes que circulan, cualquiera de ellas, afectan a personas adultas. Los que llenan las terapias intensivas son adultos. Quienes originan las nuevas variantes son adultos. En África, el 1% de la población adulta está vacunado. Debemos terminar con el covid-19 en el mundo y vacunar a la población adulta para terminar con la pandemia. También está la equidad. Por eso el Reino Unido no recomienda en este momento la vacunación a los niños sanos junto al estudio mencionado sobre la tercera dosis.

—¿La tercera dosis plantea el mismo dilema ético?

—No. Es la postura de la OMS. La OMS no dijo no vacunar. La OMS dijo dilatar y espaciar. Cuando no teníamos la vacuna, en enero, llegamos a tener 1.400 fallecimientos diarios y saturación de camas de terapia intensiva en Europa y en muchas partes del mundo. Ahora tenemos una gran cantidad de infectados con pocos fallecimientos porque tenemos las dos dosis. Pero sabemos que el efecto de la vacuna se va a los ocho o diez meses. Se debe intentar mantener la inmunidad de los países que reciben la vacuna y aumentar la producción y optimizar la distribución hacia aquellos países que la necesiten.

En este link, la entrevista completa de Jorge Fontevecchia a Martha Cohen.

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Fuente: Perfil

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