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Maxi Ferraro: “JxC no tiene por qué ser gorila o antiperonista”

—¿Cómo fue la experiencia de acompañamiento a las protestas en Formosa?

—Con la diputada Mónica Frade nos habíamos comprometidos a volver a la provincia. Es una clara violación sistemática a los derechos humanos. En la provincia se percibe una ausencia del derecho. Una anomia que hace que la democracia y la garantía de libertades y derechos no funcionan. Lo observamos en Formosa capital, en Clorinda, que está cercada por una disposición arbitraria del propio Gildo Insfrán.

—La cercanía de Clorinda con Paraguay es absoluta, como entre Barracas y Avellaneda.

—La frontera está cerrada. Es inentendible que los clorindenses no se puedan mover o trasladar dentro de su propia provincia.

—¿Hay reminiscencias en Formosa del Paraguay de Adolfo Stroessner?

—Sí. Se percibe el miedo de una sociedad a un gobernador y a un régimen que gobierna hace más de 25 años. Pero también hay cuestiones que hacen a la posibilidad de un cambio. La resistencia de los pequeños y medianos comerciantes de abrir para mantener las fuentes de trabajo e ingresos, la de muchísimos sectores agropecuarios, principalmente de la producción algodonera y bananera. En Laguna Naick Neck, cerca de Clorinda, también están cercados y no pueden ir a vender sus productos. Formosa era la segunda provincia de nuestro país en producción algodonera. Llegó a tener más de 100.000 hectáreas de producción de algodón; hoy no llegan ni a 1.000 hectáreas. La producción de banana, de 12.000 hectáreas, hoy no llega a las 2.000.

—¿Por qué se produjo tal reducción?

—A que en los últimos 25 años hubo un régimen basado en la asistencia por parte del estado. Casi el 70% es empleo público.

“La amenaza de la impunidad es cierta”

—¿Es más rentable que los cultivos de algodón o de banana?

—Gildo Insfrán y todo su equipo fue construyendo un régimen de pobreza. Las pequeñas y medianas empresas, las clases medias profesionales no encuentran un presente…

—Horacio Verbitsky señaló que el verdadero origen ideológico de Gildo Insfrán era el Partido Comunista Revolucionario, de ideología maoísta. Algo similar se dijo de Luis Basterra, también perteneciente al justicialismo formoseño. El ministro de Agricultura dijo en una entrevista de esta misma serie que había similitudes entre lo que se hacía en Formosa con determinadas normas de prevención del coronavirus que se hizo en países asiáticos.

—Puede haber algo de eso. Pero no tiene razón de ser. En Formosa Capital, a 15 minutos de la peatonal de la Casa de Gobierno, fuimos a un basurero a cielo abierto. La gente va día tras día a revolver la basura. Hay chozas instaladas, gente que vive ahí. El argumento de Insfrán de “cuido a los formoseños”, “Formosa imperio del verde”, se cae de maduro cuando uno ve ese basural. Se mezclan residuos de las casas con patogénicos.

—¿Habrá un cambio en las próximas elecciones?

—No sé si en las próximas elecciones. Pero hablé con muchas personas que estaban y están ligadas al peronismo.

—Normalmente Insfrán gana 70% a 30%.

—Muchos formoseños nos decían que no es justicia social, que no es peronismo. Lo dicen porque en 25 años se acrecentaron las ollas populares, la cantidad de planes sociales.

—En Chubut casi en simultáneo se dio otro hecho de violencia en el que apedrearon al presidente Alberto Fernández.

—Repudiamos esa violencia contra el presidente como Coalición Cívica. El camino es la no violencia, es la paz. Por más que exista violencia institucional, no podemos potenciarla desde ningún sector político. Las diferencias deben dirimirse en el marco del sistema democrático. Para eso tenemos elecciones cada dos años.

—Compartiste bancada con el flamante ministro de Justicia, Martín Soria, y algunos que lo conocen hace tiempo llegaron a definirlo como violento.

—No tuve mucho trato con Soria. Él asumió en el 2019 igual que yo. Ojalá no cumpla el objetivo de impunidad que persigue la ex presidenta de la Nación, Cristina Kirchner.

—¿Habrá impunidad aún con pruebas?

—Es el intento del kirchnerismo más duro. El intento y el objetivo de Cristina Kirchner. El de Oscar Parrilli, Anabel Fernández Sagasti y muchísimos senadores y diputados de la nación. Se ve en la embestida contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación y contra distintos jueces o magistrados federales; en la embestida contra el Ministerio Público. Creo que en algún punto pueden llegar a lograrlo. La amenaza es cierta

—Elisa Carrió fue muy crítica de Ricardo Lorenzetti, quien a su vez fue muy criticado por el actual Martín Soria.

—No cambió lo que opinó Carrió y el pedido de juicio político de la coalición cívica. Pero eso no quita nuestra mirada de cuidado y de protección de lo que implica institucionalmente la Corte y más en estos momentos de la Argentina. En estos momentos de embestida del Poder Judicial de la actual vicepresidenta poniendo el pie en el acelerador, es importante poder preservar y cuidar a uno de los poderes del estado.

—En la foto de presentación de tu cuenta también en Twitter se ve una foto en la que estás junto a Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y Elisa Carrió ¿Larreta y Santilli son los líderes actuales de Juntos por el Cambio?

—Juntos por el Cambio tiene distintos tipos de liderazgos y legitimidades. Uno de esos liderazgos y una de esas legitimidades es las de Horacio Rodríguez Larreta, también María Eugenia Vidal. Y también Mauricio Macri, como ex presidente de la Nación y desde el aporte a partir de esa experiencia. La propia Lilita, corrida de la política cotidiana tanto de Juntos por el Cambio como del parlamento, sigue siendo una voz importante en la coalición y en la política argentina. Por ahí esto se ve como una debilidad; yo lo veo como una fortaleza. Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Elisa Carrió, Miguel Ángel Pichetto, Mauricio Macri, Alfredo Cornejo, Mario Negri y los que vayan surgiendo tienen liderazgo y fortalezas. Juntos por el Cambio vive una etapa de liderazgos más compartidos. De aquí a 2023 surgirá el líder del equipo.

—¿Cómo imaginás en lugar de Lilita en la Provincia de Buenos Aires tanto en 2021 como 2023?

—Lilita manifestó la intención de ser candidata, si es necesaria para sostener una estrategia, que no es personal para ella ni para la Coalición Cívica, sino para Juntos por el Cambio. Pero si ella no tiene que ser en la Provincia, no será.

—¿Cómo te parece que será finalmente?

—Tenemos que trabajar en fortalecer lo que venimos sosteniendo, que es la unidad de Juntos por el Cambio. No fue fácil de sostener. Por supuesto es una unidad en la diversidad. No hay que confundirla con uniformidad o unanimidad. La diversidad de miradas y voces enriquecen al espacio. Nuestra estrategia es construir en el centro. Eso no implica renunciar a la firmeza, a la contundencia, a la argumentación y a la contraargumentación. No queremos ser funcionales a ninguno de los dos extremos.

—¿Será candidata en la Provincia de Buenos Aires en las próximas elecciones?

—Es una posibilidad que vamos a seguir conversando. Que ella y la Coalición Cívica de la Provincia de Buenos Aires conversarán con el PRO y el radicalismo.

—¿A María Eugenia Vidal la ves en la provincia o en la ciudad?

—Hay que poder ser respetuosos de la decisión que tomará durante este año.

—Si Vidal no va a Ciudad, quizás no sea necesaria la candidatura de Carrió.

—O puede haber otras candidaturas.

—Que vayan las dos.

—Exacto. Se puede poner un gran equipo en cancha. También podemos llegar a armar otro equipo que enfrente este tiempo electoral. Como en 2017 con Esteban Bullrich, Graciela Ocaña y Toty Flores de la Coalición Cívica.

—¿Se dirimirán las candidaturas en una interna?

—No imagino el escenario de una interna en la Provincia de Buenos Aires. Todo el esfuerzo debe estar puesto en la unidad y ver de qué manera podemos ponernos de acuerdo todos.

“Cristina Kirchner puso el acelerador en su embestida contra la Justicia”

—¿Habrá interna entre Horacio Rodríguez Larreta y Bullrich en la Ciudad?

—2021 no debe ser tiempo de disputa de liderazgos. Tenemos un gran desafío como Juntos por el Cambio en consolidar una elección muy buena, la de 2017. Somos 116 diputados nacionales y 29 senadores. Necesitamos mantener o ampliar nuestra base de representación.

—¿Pero nadie puede pensar dentro del Juntos por el Cambio que quien encabece la lista en 2021 de alguna manera establece un precedente para 2023?

—No son tiempos para ese tipo de especulaciones.

—¿Elisa Carrió y la Coalición Cívica representan dentro de Juntos por el Cambio el ala más progresista, más hacia a la izquierda?

—La Coalición Cívica y el liderazgo de Lilita representan valores e ideas que están ligadas a la república, a la democracia liberal, al humanismo, a la ética de la alteridad y al ecohumanismo. Son los valores e ideas que expresamos dentro de Juntos por el Cambio. Apostamos a que estos valores sean parte de la narrativa alternativa ofrecerle a la ciudadanía camino a una alternancia en el 2023.

—En general, se señala la dificultad que tiene Lilita Carrió para consolidar los espacios políticos que ella misma crea. ¿Cómo es la situación actual de Coalición Cívica en cuanto a afiliados y militantes? ¿Está en todo el territorio nacional?

—Este año cumpliremos 20 años de vida política. Es un partido que Lilita junto a muchos de nosotros empezó a organizar en noviembre del 2001. Somos un partido nacional con presencia reconocida en más de 14 distritos. Tenemos un bloque de diputados nacionales de 14 miembros, diputados provinciales en Neuquén, en Córdoba, en la Provincia de Buenos Aires. Es un partido que no acepta ningún tipo de financiamiento por parte de empresas y del sector privado. Con aciertos y errores pudimos sostener en este lapso de vida política. Somos a su vez uno de los partidos fundantes de Juntos por el Cambio y de Cambiemos.

—Compartís la mesa de dirección de Juntos por el Cambio junto a Patricia Bullrich y Alfredo Cornejo, representantes del ala más dura dentro de la coalición opositora. ¿Cómo te llevás con ellos? ¿Cómo te ubicas en la distinción entre halcones y palomas?

—Tengo una muy buena relación ambos. Con Patricia nos conocemos desde su paso por la Coalición Cívica. Compartimos y nos tocó coordinar una gran campaña en forma conjunta en 2007 para la candidatura presidencial de Elisa Carrió. Tengo muy buena relación también con Alfredo Cornejo. Tenemos buenas instancias de trabajo en equipo. Debemos construir una posición que esté en el medio. Debemos impedir ir a una lógica de cuanto peor, mejor. Trabajaremos para eso. Hace a la cuestión de Juntos por el Cambio, pero también a lo que vemos que sucede a nivel regional y global. Vamos camino a democracias cada vez más agrietadas. Se consolidan regímenes autoritarios o populistas, tanto de izquierdas o de derechas. Se consolidan estados de excepción permanentes y crece la ausencia de legalidad. Sucede en muchos lugares del mundo, de la región; sucede y nos preocupa en la Argentina.

“Nuestra estrategia es construir en el centro”

—¿El leit motiv de la Coalición Cívica es el sistema republicano?

—Así es.

—¿Defienden un procedimiento de gobernanza?

—Un procedimiento de forma de gobierno que a su vez construye la confianza. No solo para la ciudadanía; también para las inversiones, la estabilidad. Que se cambien las reglas de juego.

—Es interesante. ¿Pero te hizo reflexionar alguna vez que defienden una forma? Las formas son muy importantes, desde ya, ¿pero y el fondo?

—Va también hacia un fondo.

—¿Cuál es el fondo del ARI?

—Construir en base a la igualdad sociedades prósperas. Se debe decidir en cuestiones centrales que hacen a la cuestión geopolítica, la educación y la ciencia y la investigación.

—Miguel Ángel Pichetto lanzó un nuevo espacio, el “Peronismo republicano”. ¿Juntos por el Cambio debería mantenerse como una identidad no peronista e incluso antiperonista o debería tener un cuarto integrante peronista?

—Estamos totalmente de acuerdo en que Juntos por el Cambio participe una pata peronista más ligada al tema institucional y republicano. Juntos por el Cambio no tiene por qué ponerse en una posición antiperonista gorila. Debemos poder aumentar nuestra base de representación. Hicimos una elección importante en 2019. Pudimos crecer 7/8 puntos porcentual de la PASO de agosto a las generales de octubre. Es un 41% de representación de la ciudadanía. Pero no nos alcanza. Manteniendo los valores fundamentes, debemos sumar temas. Agregar agendas para aumentar la base de representación.

—Ernesto Sanz dijo que el 41% que mencionaste recién de las elecciones de 2019, se acercaría al 50% en las próximas elecciones. ¿El resultado será mejor que en 2019?

—Hay que construirlo y no creérsela. Estamos ante una muy buena base. Que después de más de un año y medio de haber dejado el gobierno sostengamos y sigamos en unidad también lo es. Pero también debemos hacer una autocrítica, asumir los errores, también hacernos cargo de los aciertos de los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri. Pero a su vez debemos volver a construir un sistema de ideas, una narrativa alternativa distinta.

“El Consejo Económico y Social me produce una sensación de naftalina”

—¿Cómo te llevás con otros colegas diputados de Juntos por el Cambio más controversiales como Fernando Iglesias o Waldo Wolff?

—Tengo una muy buena relación con la mayoría de los diputados,

—¿Tu posición sería más de paloma que de halcón?

—Todos jugamos un rol en la cancha. No podemos ser todos delanteros, mediocampistas y defensores.

—Como Macri hacés metáforas futbolísticas.

—Por más que no sea futbolero, las utilizo para entender el ordenamiento y cómo tiene que ser el juego de cada uno de nosotros.

—¿Qué te generó ver esas bolsas que simulaban cadáveres en frente a la Casa de Gobierno en una manifestación donde Patricia Bullrich había sido un actor importante?

—Participé de esa manifestación ciudadana. No comparto lo que se hizo con bolsas mortuorias. Tampoco comparto, y también es violento, lo que sucedió con la vacunación VIP. Pero ese tipo de escenificación no contribuye a la construcción y a la salida de la Argentina.

—¿Hablás con Patricia Bullrich sobre los efectos nocivos de la polarización? ¿Tenés alguna reflexión respecto de que uno de los errores de Cambiemos es que no logró concertar lo suficiente con sectores de la oposición como para llevar adelante sus ideas?

—La polarización no nos lleva a ningún buen puerto. Eso no invalida que tengamos firmeza y contundencia en los temas más complejos de la coyuntura. Es un debate y una discusión que en buenos términos tenemos con la propia Patricia, o dentro de Juntos por el Cambio. Debemos aprender a convivir las distintas miradas y posiciones.

—¿Una idea como la del Consejo Económico y Social te motiva?  ¿Se necesita un acuerdo entre oficialismo y oposición?

—La Argentina tiene que construir acuerdos. Una cosa es construir acuerdos de políticas públicas y otras el gran acuerdismo que muchas veces llevó al fracaso a la Argentina. El Consejo Económico y Social que se presentó me da una sensación de naftalina. Es un formato viejo. Hay ausencia de distintos actores. Pareciera ser que el gobierno nacional no está dispuesto a incorporarlos. No comprende que la economía cambió y más aún con la pandemia. Cabe incorporar la innovación en inteligencia artificial, la biotecnología, la computación cuántica, la investigación genética y científica. Esa mirada de las industrias del conocimiento, que nos va a permitir poner valor agreg

—¿Hacés alguna autocrítica en nombre de la Coalición Cívica sobre cuando Lilita Carrió decía que la vacuna rusa no se la iba a dar porque iba a ser envenenada?

—No dijo que la vacuna rusa envenenaba, sino que no confiaba en la vacuna proveniente de un régimen autoritario como el de Vladimir Putin, donde se había envenenado a un opositor. Ella, es verdad, efectuó una denuncia. Pero allí no habla del tema del envenenamiento, sino que lo caratula de esa manera la Cámara que después gira el expediente y la denuncia al juzgado interviniente.

—Más allá de que no cabe ninguna duda que a Alexei Navalny lo envenenaron, ella también dijo que no quería que la envenenaran a ella.

—No quiero ser su interprete. Pero conociéndola no sería justo interpretar la literalidad.

—¿Su fogosidad oral le juega a veces buenas pasadas y otras malas, y que por momentos quede hiperbólica?

—Conocemos a Lilita de hace mucho tiempo. En el caso mío, hace 25 años. Mis primeros contactos con ella fueron cuando fue convencional constituyente en el 94 y yo militaba en el radicalismo.

—Ella también.

—Ella también. Lilita es lo que es y yo valoro esa honestidad.

—¿La Coalición Cívica trascenderá a Lilita cuando su vida política se extinga?

—Es el gran desafío y responsabilidad que tenemos. Yo le podemos tirar el fardo a Lilita. La Coalición Cívica, además de Lilita, tiene un equipo extraordinario: Paula Olivetto Lago, Juan Manuel López, Mariana Zuvic, Mónica Frade, los legisladores de la Ciudad de Buenos Aires. Personas que fuimos creciendo y nos toca tener responsabilidades circunstanciales. En mi caso fue presidir el bloque, presidir un partido nacional y ser diputado de la Nación. Dependerá de nuestra propia capacidad de asumir desafíos.

—¿Se mantendrá unida la coalición oficialista si pierde las elecciones?

—La radicalización no le hace bien al oficialismo. Tampoco al país. Lo que me preocuparía más no es tanto si el oficialismo no gana las elecciones y pierde, sino si el oficialismo gana y cada vez se acerque más a la posibilidad del quórum propio. Es la hoja de ruta que puede venir.

—¿Si no lo lograran puede haber un cisma?

—Está en la responsabilidad de todo el sistema institucional y de la dirigencia política que no suceda.

“Lilita Carrió no dijo que la vacuna rusa envenenaba”

—¿Cómo es tu relación con los diputados de La Cámpora? Tenés la misma edad que Máximo Kirchner.

—Tengo una relación por mi función como presidente del bloque de la Coalición Cívica con Máximo Kitchener. Una relación de respeto, cada uno con sus posiciones y nuestras diferencias. Con muchos de ellos también tengo una relación de trabajo parlamentario. Con otros se pone más intenso el ida y vuelta de las posiciones. El parlamento debe volver a tener argumentación y contraargumentación. Viví un parlamento como asesor de Lilita en el que podías encontrar diputados como Lilita, Mario Negri o algún otro del Partido Justicialista que en temas centrales podían dialogar y construir un acuerdo sin trampearse y sin faltar a la verdad. Como diputado siento que se eso se perdió. Un diálogo donde te reconozco, no solamente en lo que podemos coincidir sino en las diferencias para construir algo, en una respuesta más pural y democrática.

—Viviste las conducciones de Emilio Monzó como asesor y  de Sergio Massa como presidentes de la Cámara ya como diputado. ¿Cómo las evaluás?

—Creo que es responsabilidad de todos. También es responsabilidad de la política que podamos tener una discusión fuerte vos y yo, pero yo respetándote, reconociéndote y argumentando, vos contraargumentando, para tratar de encontrar un denominador común. La Argentina tiene un gran problema que es cómo nos vamos a poner de acuerdo en el diagnóstico. No solo de lo que tenemos que hacer para adelante en materia de educación, económica, social, sino también un diagnóstico que genere empatía entre distintos. Ser sinceros y no mentirnos sobre las espectativas.

—En el 2019 cuando fuiste primer candidato de Juntos por el Cambio vos dijiste textualmente: “A mí nadie me cuestionó que yo sea gay y que pueda encabezar la lista. Me siento con total libertad en Juntos por el Cambio. Yo al armario no vuelvo más “. ¿Cómo actuó la dirigencia política y cómo actúa frente a la diversidad?

—Desde mi fuerza política con el liderazgo de Lilita, nunca tuve un acto de discriminación. Sí me han llegado por interpósitas personas comentarios de algún que otro dirigente político de algún que otro espacio, pero nunca en forma directa. Es importante también poder visibilizar para ayudar a otros o a otras que por ahí sufren violencia y que les cuesta muchísimo más.

—Vos decís “no vuelvo nunca al armario”. ¿Estuviste?

—Sí, por supuesto. Eran otros tiempos de la Argentina. No habíamos avanzado en la ampliación y reconocimiento de derechos como fue el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género o la redacción del artículo antidiscriminatorio en la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires. También es un proceso personal, que va a lo familiar. También era un proceso vinculado a la militancia política y estudiantil. La cosa era más misógina, homofóbica. Salir del armario o mostrarte verdaderamente tal como sos, era como una debilidad ante posibles ataques, por más que no los hubiera sufrido. En ese momento yo tomé una decisión: esto soy yo. Y más allá de lo que soy, cuál es mi orientación sexual, que se me juzgue, se me evalúe producto de cuál es mi labor parlamentaria, cuáles son mis ideas y mis propuestas. Tengo un compromiso con una agenda que está ligada a los derechos de las personas LGTBI y a las cuestiones de género.

—Cuando fue tu voto por la interrupción voluntaria del embarazo, vos dijiste que tu pertenencia al colectivo LGTBI había incidido en tu voto. ¿El feminismo puede ser considerado una defensa de las minorías que representa otra identidad y que viene a modificar de manera importante las coaliciones políticas y a crear nuevos valores que tengan importancia electoral?

—Incidirán. Y mucho. Las cuestiones que hacen al movimiento feminista y las de género. Pero también otras, que tendrán relevancia en la agenda del mediano y largo plazo, como el cuidado del ambiente y nuestros bienes comunes o la educación. Las pongo juntas porque tienen que ver entre sí.

—Se habla mucho del fenómeno de los Verdes.

—Es una agenda también de los partidos grandes.

—Minorías que se pueden convertir en mayorías.

—También los grandes líderes como Angela Merkel, Emmanuel Macron, o Juntin Trudeau, la del nuevo gobierno de los Estados Unidos, incluyen estos temas. El gran desafío que tiene la Argentina es animarse y tirarse a la pileta para construir una salida y una agenda con estos temas que tienen que ver con las cuestiones de género, con la educación, la industria del conocimiento, la ciencia y la investigación, el cuidado del ambiente y nuestros bienes comunes…

—¿Qué pensaste cuando el Vaticano, siguiendo al Papa Francisco, dijo que no hablaría la unión civil de personas homosexuales?

—Sentí pena, lástima. Más allá de la Iglesia como institución, tendría que poder abrazar y ser fraterna con todas las personas, sin ningún tipo de discriminación. Me apena. Es un retroceso porque.

—¿Tenías otras expectativas con Francisco?

—No sé si otras expectativas. Este tipo de posiciones de la institución Iglesia alejan a muchísimas personas que pueden tener creencias católicas. También a los que tienen otras creencias, y a los agnósticos o ateos.

No imagino el escenario de una interna en la Provincia de Buenos Aires”

—Elisa Carrió es una mujer de convicciones religiosas muy marcadas. ¿Hablas con ella sobre las cuestiones vinculadas con la diversidad?

—Hemos debatido, discutido su inserción y su discurso en lo que fue la ley de matrimonio igualitario. En el 2006 y recuerdo una gran nota en tu diario, cuando escribió sobre la educación como política central del porvenir. Planteaba como un desafío para lo que venía un nuevo laicismo. Incorporábamos un nuevo laicismo tomando todas las creencias de Oriente y de Occidente. Discutimos y compartimos lecturas o libros. Tiene profundas convicciones religiosas, pero también es de una profunda creencia en la ética de la alteridad.

—En Estados Unidos, Pete Buttigieg fue precandidato demócrata a la presidencia norteamericana. Es una persona abiertamente gay. Si bien no llegó a la candidatura, tuvo grandes chances de poder llegar a la elección. ¿La Argentina está cerca de tener un candidato a presidente que manifieste sin encontrarse con prejuicios una identidad sexoafectiva diferente?

—Hay que seguir construyendo. Y seguir generando una mayor empatía.

—¿Hay una cuestión generacional también allí?

—No sé si generacional. No hay duda que avanzamos. Pero también hay mucha posición reaccionaria y resistencia al reconocimiento y a los cambios. La ampliación y reconocimiento de derechos no es algo que le pertenece solamente al kirchnerismo, es una construcción transversal, desde las organizaciones políticas partidarias, pero también desde la sociedad civil. Muchas veces estuvieron más adelantadas personas de la sociedad civil, que los propios partidos políticos, en la Argentina y en otros lugares del mundo.

—¿Temés regresiones?

—Temo que haya retrocesos. Veo con preocupación el avance de posiciones extremistas que consolidan regímenes autoritarios de derechas e izquierdas. Fijate a Jair Bolsonaro de Brasil, Vox de España que corre o va corriendo drásticamente a un partido de centro o centroderecha como el PP. Pero también en posiciones extremas de regímenes de izquierda. Es importante que Juntos por el Cambio en algún momento también se dé la posibilidad de poder reflexionar desde el punto de vista geopolítico como una política central. La Argentina y su dirigencia a veces necesita y necesitamos parar la pelota para reflexionar y pensar.

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Fuente: Perfil

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