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“Nosotros tenemos que hacer la deconstrucción”

Después de su estreno en el Festival Internacional de Oldenburg, Alemania, y de ganar el premio Symour Cassel a la Mejor Interpretación, y después de abrir salas en Córdoba, el jueves 25 llegó a cines de CABA La noche más larga. Daniel Aráoz es el protagonista de este drama de horror, dirigido por Moroco Colman, basado en hechos reales, y centrado en la temática vigente de violencia sexual contra las mujeres.

A partir de La marca de la bestia, investigación periodística de Dante Leguizamón y Claudio Glesser (que criticaron el film), La noche más larga reconstruye algunas de las comprobadas 93 violaciones –se estima que han sido más de doscientas– que hizo el criminal Marcelo Sajen entre 1985 y 2004. Interceptaba jóvenes, las amenazaba con un arma y las obligaba a caminar abrazadas a él, hasta el sitio de la violación. La Justicia demoró años en asociar pruebas y dimensionar el caso, que, hasta este film, había tenido escasa prensa nacional.

­—Habría diversas razones para promocionar esta película. ¿Cuál privilegiás?

—Hace muchos años, diez años antes de “Ni una menos”, esas mujeres que están en la película, que tenían entre 19 y 22 años, hicieron una marcha en Córdoba y visibilizaron este caso. Pusieron el cuerpo para hacer visible lo que estaba ocurriendo en Córdoba. Esta película es un homenaje a ellas. No es una película que tenga que ver con el entretenimiento, sino para tomar conciencia. Nosotros le debemos una gran explicación a la lucha de la mujer. Esta película aporta un granito de arena para eso.

—Sos vos, actor varón, con un director varón, Moroco Colman, hablando de la violencia contra la mujer. 

—El 50% del equipo fueron compañeras; la productora fue una mujer, Sofía Castells. La lucha de las mujeres por dejar de ser consideradas una propiedad privada refleja el accionar de estos monstruos. Los femicidios también me conmocionan; muchas veces lloro en soledad diciendo: “Cómo puede ser que pasen estas cosas, qué grado de crueldad, de locura”. Eso está precedido muchas veces de la violación. La violación no está entendida como un hecho traumático, fuerte, monstruoso: la película sí muestra eso sin grises. Con el director, ya nos encontramos con cuatro víctimas más que no hicieron la denuncia. A partir de que apareció la película, empezaron a aparecer compañeras que fueron violadas por este monstruo y no hicieron la denuncia.

—¿Cómo fue el proceso de filmación en Córdoba?

—Filmamos durante cinco semanas. Todo, en todas jornadas nocturnas y en locaciones reales, lugares tan reconocidos para todos los cordobeses. Fue un desafío, un compromiso actoral extremo, con desnudos, con situaciones muy complejas. En el set, de alrededor de sesenta personas, después de filmar algunas escenas no podíamos hablar, nos quedábamos en silencio.

—Junto a colegas como Coco Sily has hecho y hacés humor, dentro del cual hay chistes que aluden a vínculos entre hombres y mujeres. ¿Hay ciertos chistes que ya no van más?

—El oficio del actor significa comprometerse con diferentes energías. Por eso, están las dos caras, desde Grecia hasta aquí: la risa y la tragedia. Sin lugar a dudas, nosotros estamos teniendo un aprendizaje que abarca todos los lugares. En el lenguaje soez algo cambió para siempre. Por eso muchos en el humor han quedado un poco perdidos. El cambio es absolutamente profundo. No solamente con los chistes, sino con la deconstrucción que tenemos que realizar nosotros de lo que es el patriarcado. Requiere un trabajo de reflexión con cada cosa que uno hace y con cada cosa que uno dice.

Cocina, emoción y alegría

Daniel Aráoz forma parte de los famosos que cocinan en MasterChef Celebrity, que va por Telefe. Con la conducción de Santiago del Moro, los especialistas Damián Betular, Donato de Santis y Germán Martitegui evalúan los platos de figuras como María O’Donnell, Alex Caniggia o Georgina Barbarossa. Al respecto de este proyecto, dice Aráoz: “Estoy agradecido de que me hayan citado a este programa que está teniendo una repercusión inmensa, pero no es lo mío. Yo no me dedico a cocinar, ni voy a poner un restaurante, ni nada. Si bien disfruto mucho cocinando en mi casa, soy un cocinero de la familia. En este caso, es otra la experiencia. Son jornadas de mucho trabajo. Tenés mucha presión, un tiempo determinado. Es complejo. Pero, bueno, uno tiene que dejarlo todo y cocinar con amor. La cocina es eso: emoción y alegría”. Y sobre el grado de naturalidad o de actuación frente a las cámaras agrega: “Nadie que está frente a una cámara puede evitar ese hecho. No hay un naturalismo extremo: siempre aparecen los personajes, o sea, los caballitos de batalla de cada uno. Yo no estoy todo el día gritando así en casa y haciendo las cosas que hago en el programa. Pero ese era un poco el objetivo. No soy alguien que se pueda proyectar en la cocina nacional ni internacional, pero sí, llevarle un poco de alegría a todo ese público, en estos momentos tan difíciles. Cuando uno hace comicidad hace tantos años como yo –cumplo cuarenta años en este oficio–, tiene un compromiso en la acción, en la comicidad en sí misma”.

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Fuente: Perfil

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