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Patricio Garino, a fondo: de las horas más oscuras a sus secretos para volver a disfrutar del básquet y de la vida

“Todo muy zen, ¿no?”. Patricio Garino suelta la pregunta y suelta una sonrisa al escucharse a sí mismo. Hay que apretar “rewind” para entenderlo. “La felicidad después de jugar un par de semanas y tener un poquito de protagonismo está totalmente a flor de piel. Pero al mismo tiempo, con otra mentalidad. No hay desesperación ni presión, sino mucha tranquilidad. Me tomo mi tiempo para estar bien, más que nada físicamente”, aseguraba antes de aquella reflexión.

Fast forward. El plano vuelve a este momento: “El ambiente y el club me condujeron también para ese lado. Y obviamente fue clave el trabajo mental para tener una cabeza totalmente distinta, volviendo a disfrutar de cada momento, de sonreír adentro de una cancha y también afuera, jodiendo con los chicos. Esa parte de la tranquilidad me ayudó mucho para poder disfrutar y volver sin miedos, sin temores, sin presión“.

Muchos deportistas hablan de cómo en algún momento del camino dejaron de disfrutar del proceso. Escuchar a Garino es entender que quizás él nunca se haya permitido disfrutar ni un instante, al menos fuera de la cancha. Algo que, razona, sin dudas le impidió rendir a tope. Los últimos 17 meses los pasó prácticamente afuera por lesiones. Pero los problemas venían de antes.

Patricio Garino, el día de su regreso al básquet con la camiseta de Zalgiris Kaunas. Foto IG/patogarino

Patricio Garino, el día de su regreso al básquet con la camiseta de Zalgiris Kaunas. Foto IG/patogarino

“Tenía que tener el día planeado desde que me despertaba hasta que me dormía y si me salía de esos pasos me ponía mal. Si salía a caminar una hora un día antes de jugar y tal vez me cansaba un poquito, ya pensaba ‘uh, mañana voy a estar muerto, voy a ser un perro’. Si comía algún permitido, me volvía loco. Si no respetaba las 8 horas de sueño, me mataba. No disfrutaba del día a día por pensar en todo momento en el básquet. Y eso se trasladaba a la cancha: al ser tan obsesivo, si algo me salía como no estaba planeado ya me arruinaba el día“, asegura.

Eso, entiende Pato, le costó su gran oportunidad en la NBA. “Me costaba mucho la presión interna. Creo que por ahí pasó lo de Orlando. La presión, la expectativa, el querer hacer algo y pensar en eso las 24 horas y cuando eso llega, te quedás duro“.

En 2017, luego de ser parte de San Antonio Spurs con Manu Ginóbili y Nicolás Laprovittola sin poder hacerse un hueco en el plantel definitivo, tuvo su chance en el Magic pero no pudo aprovecharla.

Patricio Garino en la Liga de Verano 2017 con Orlando Magic. Poco después, fue cortado. Foto AP/John Raoux

Patricio Garino en la Liga de Verano 2017 con Orlando Magic. Poco después, fue cortado. Foto AP/John Raoux

“En las 3 o 4 semanas que estuve ahí, salía del hotel y volvía para estar fresco, sin distracciones, sin hacer prácticamente nada más porque lo único que quería era meter un punto. Y salió todo al revés. Si hubiera estado relajado y disfrutado, capaz la situación hubiera sido otra”, piensa en voz alta.

En los cinco partidos que jugó en la NBA tiró siete veces al aro. No acertó ninguna.

Ahora, incluso, cuenta el marplatense que se siente en condiciones de saber interpretar los momentos y no desesperarse aunque el equipo se juegue una parada brava mientras él busca su mejor forma.

“En el partido contra el Maccabi (el día de su regreso, por la Euroliga), que era clave para nosotros, yo sabía que no tenía mucho espacio para el error más allá de mi situación. Pero jugaba con la ventaja de que tenía la excusa, o la lógica, de saber que si me mandaba una cagada era porque no jugaba hacía un año y medio. Pero tampoco me fue muy bien que digamos, me mandé un par de cagaditas (risas). A mí me pesó, porque uno cuando juega quiere hacer todo perfecto, pero no pasó nada, todo el mundo lo entendió y también me ayudó mucho el saber que volvía en un momento caliente y me daban confianza”, explica Patricio, de 27 años.

Patricio Garino celebra en el banco del Zalgiris Kaunas. Foto @bczalgiris

Patricio Garino celebra en el banco del Zalgiris Kaunas. Foto @bczalgiris

En ese sentido, Garino destaca la manera en que se comportó el club, que reforzó una confianza que ya le habían demostrado al contratarlo lesión mediante.

“Durante toda la recuperación me dieron muchísima tranquilidad. Me tuve que operar de nuevo y jamás me apresuraron ni buscaron otro jugador. Eso me sacó una mochila de peso bastante grande. El objetivo era recuperarme físicamente, sin volverme loco si no metía un triple o si me mandaba una cagada. Y lo del grupo fue inmenso. A pesar de que estoy desde el principio, tampoco estuve muy involucrado con ellos, porque no viajaba a los partidos y me entrenaba aparte”, explica.

Y profundiza: “Sin embargo me recibieron con brazos abiertos, el primer entrenamiento me festejaron todo, el primer partido fue una locura y el martes, que tuve mi partido mejorcito, fue tremendo. Me contagian la energía y la sonrisa y me da una calma bárbara saber que estoy con chicos que no son egoístas y no les importa tanto su situación sino verme bien y jugando; para ellos eso es una alegría y a mí me llena el corazón“.

El método Bernhardt

Después del regreso y las buenas actuaciones -especialmente la de esta semana- no hubo celebraciones estrafalarias en el hogar que Pato comparte con Paula Darrás, su pareja, y su perro Moshi.

“Ese es otro cambio: naturalizo todo bastante. Más allá de que en el vestuario mis compañeros me felicitaron y abrazaron y hablé por teléfono con mis viejos y Paula, lo tomé bastante normal. Como fue de visitante, volvimos en el colectivo, cenamos con ella, paseamos al perro y nos fuimos a dormir”, enumera entre risas.

“Otro cambio”, dice Garino, y abre la llave de quien más lo ayudó a destrabar su situación mental: César Bernhardt, exbasquetbolista (jugó en Selecciones juveniles con Luis Scola y Andrés Chapu Nocioni, entre otros) y hoy psicólogo deportivo.

Hace tiempo Patricio ya reconoció que en algún momento del camino, cuando los problemas físicos no le daban paz, pensó en el retiro. Las cosas empezaron a cambiar cuando empezó a tener sesiones con el profesional, a quien no conoce más que a la distancia: siempre trabajaron con los 14.000 km. entre ambos.

Garino ante Francia, en el Mundial de China 2019. Es un hombre clave en la Selección. Foto Greg Baker / AFP

Garino ante Francia, en el Mundial de China 2019. Es un hombre clave en la Selección. Foto Greg Baker / AFP

-¿En qué momento puntual empezaste a trabajar el aspecto psicológico?

Después de la anterior lesión de cruzados. Paula (N. de R.: es psicóloga) me dijo que si quería tomar una decisión, que me asesorara bien, que evaluara todas las opciones, y que después la tomara, sin que fuese repentino sino pensándolo en frío y con la ayuda de alguien que sabe. Y César me dio una mano increíble y las herramientas para cambiar la cabeza. No sé si hubiera querido una lesión en el pasado para que ocurriera esto pero este cambio de cabeza hubiera sido necesario hace tiempo. Ya llevamos casi dos años con él y mentalmente estoy en mi mejor momento.

-¿Y cómo llegaste a él?

-A través de GP Sports, con (Carlos, su representante) Prunes y Matías Novoa (parte del equipo de la agencia), que me hicieron el contacto. Sabía que César trabajaba con deportistas y sus referencias eran bárbaras. Él tiene historia y pasado con el básquet, así que podemos hablar de situaciones de juego en concreto y eso es muy valioso. Además, viste cómo son los cordobeses, tan cálidos y abiertos. Eso me gustó mucho.

-¿Qué cosas te ayudó a ver o descubrir?

-Me ayudó a disfrutar afuera de la cancha siendo consciente; no es que me voy de joda el día antes del partido (risas). Pero cosas que antes me costaban hoy las disfruto a pleno. El básquet es una porción muy grande de mi vida pero no es todo. Disfrutar la vida es muy valioso, te ayuda a recuperarte física y mentalmente y no lo conocía, no lo entendía. Y me ayudó muchísimo a volver a ser feliz, como cuando estaba en Unión (de Mar del Plata) o en la universidad.

-Fuiste estudiante y deportista a la vez. ¿Estaría bueno empezar a darle bola a la psicología ya en esa etapa?

-Sí, sí. En EE.UU. se están dando cuenta, muchos jugadores NBA han hablado de sus depresiones y se está normalizando mucho eso que era un tabú. Pedir ayuda es un recurso. La parte mental será tan o más importante que la física. Si uno está bien de la cabeza y confiado, puede ser imparable. Y con el tiempo se van a dar cuenta que los jugadores que estén cómodos y felices fuera de la cancha, dentro van a rendir a tope. Cuando estuve en la universidad trabajé algo así pero en un período más corto, porque no metía los tiros libres (risas). Fue para sacarme ese bloqueo mental, pero si hubiera podido trabajar lo que trabajo hoy, sin duda me hubiera dado un beneficio muy grande.

César Bernhardt, el psicólogo deportivo que ayudó a Garino. Es la cara visible de la consultora Rindo.

César Bernhardt, el psicólogo deportivo que ayudó a Garino. Es la cara visible de la consultora Rindo.

El valor de la vida fuera del parquet

Además de empezar a trabajar el aspecto psicológico antes de tomar una drástica decisión, Garino encontró otra motivación mientras estuvo alejado de las canchas. Una que sostiene al día de hoy y que tiene futuro asegurado.

-Mientras considerabas la opción del retiro, ¿pensaste qué te hubieras puesto a hacer?

​-En el momento que tuve ese pozo, no. Era volver a casa, estar en casa con la familia y los amigos y comer asado. Y como por arte de magia, en el momento de la lesión de los cruzados, arrancamos con el proyecto de Cachito.

“Cachito Mío” es el emprendimiento de Garino que vio la luz en febrero de 2020 en Vitoria: un local de venta de empanadas argentinas que ya sumó su segunda sucursal.

Patricio Garino y sus papás, Oscar Garino y Alicia Gullota, en el local de empanadas que gestionan: "Cachito Mío". Foto IG/patogarino

Patricio Garino y sus papás, Oscar Garino y Alicia Gullota, en el local de empanadas que gestionan: “Cachito Mío”. Foto IG/patogarino

“Encontré otra pasión ahí, que son los negocios -asegura el basquetbolista-. Hay un montón de cosas que puedo aplicar de mi título universitario, de cómo se maneja. No conocía mucho del sector gastronómico pero me gustó, es bastante complicado y no sé si lo haría a futuro pero el proyecto y su potencial da para soñar y es algo en lo que me veo tranquilamente”.

-¿Fue algo que pensaste en ese momento o ya lo tenías en la cabeza desde antes?

-Uno de mis socios siempre me jodía: él tenía un restaurante argentino en Vitoria y jodíamos con que me iba a poner a gestionarlo. Pero a fines de esa temporada, más que nada en China, empezamos a laburar esta idea que surgió así, sin más. Se fue dando de a poquito y al final lo abrimos a los dos meses de mi operación de cruzados, o sea que también me vino al pelo para limpiar la cabeza y no estar pensando todo el día en la rodilla. Tuve objetivos y expectativas afuera de la cancha gracias a eso.

El regreso tras aquellos castigos

Ahí va Garino, con la sonrisa indisimulable dentro y fuera de la cancha. Viene de jugar su mejor rato de básquet en muchísimo tiempo esta semana contra el Lietkabelis, por la liga lituana. En el triunfo de Zalgiris Kaunas -su equipo- 94 a 88, aportó 12 puntos (dos triples), 2 rebotes y un robo en 13 minutos para que el club siga líder del campeonato (21 triunfos y 2 derrotas).

El alero de la Selección argentina de básquet, subcampeón del mundo en China 2019, viene de un par de años durísimos, en los que su físico no le dio tregua. Poco después del Mundial se rompió los ligamentos cruzados mientras jugaba en Baskonia. Pero antes había padecido también.

El alero sufrió en un corto lapso de tiempo una doble fractura de mandíbula, un esguince en la rodilla derecha y una distensión en el gemelo derecho, todo mientras estaba en el conjunto del País Vasco.

Garino en el Baskonia. Fue con grandes expectativas y las lesiones lo castigaron duramente. Foto EFE/JuanJo Martín

Garino en el Baskonia. Fue con grandes expectativas y las lesiones lo castigaron duramente. Foto EFE/JuanJo Martín

Llegado el receso de 2020 se alejó del equipo y pasó a su actual club. Pero al debutar, en octubre, tuvo otro percance: un problema de meniscos que también lo obligó a pasar por el quirófano, marginándolo nuevamente por un lapso prolongado. Hoy, recuperado físicamente y con la cabeza en su lugar, se permite volver a soñar con grandes cosas.

“Al principio, en la recuperación de esta lesión un objetivo personal fue estar bien físicamente para llegar a los Juegos Olímpicos, era algo que me motivaba -afirma Pato-. Pero hoy vivo día a día, tratando de volver a ser, ya que si bien no tengo riesgos me falta en la estructura del juego, en las reacciones. Tenemos la incertidumbre de qué va a pasar (con Tokio 2020) pero por ahora pienso en estar bien físicamente y terminar la temporada con el Zalgiris de la mejor manera”.

Fuente: Clarín

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