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Por una universidad socialmente inclusiva

El fortalecimiento de la universidad es esencial en este siglo XXI de la ciencia y la tecnología. La universidad argentina enfrenta tres grandes desafíos: tiene pocos graduados, tiene pocos graduados en las carreras científicas y tecnológicas, y tiene pocos estudiantes provenientes de hogares pobres, a pesar de la gratuidad generalizada de nuestra universidad pública.

La adopción de un nuevo y amplio programa de becas, financiado por los propios graduados, permitiría mejorar sustancialmente la graduación de estudiantes de pocos recursos. Además, este sistema de becas, fundado en el concepto de solidaridad intergeneracional, permitiría incrementar sustancialmente nuestra graduación en las carreras científicas y tecnológicas, que tanto necesita nuestro país.

La educación es requisito para la reducción de la pobreza

La experiencia del Fondo de Solidaridad (FSU), institución de la República Oriental del Uruguay creada hace más de 25 años, con el propósito de financiar un sistema de becas para estudiantes de la Universidad de la República, del Consejo de Educación Técnico Profesional y, desde el 2012, también de estudiantes de la Universidad Tecnológica resulta interesante al respecto.

En el 2001, los becarios del FSU eran apenas el 1 por ciento del total de graduados de la Universidad de la República, cifra que ascendió paulatinamente hasta alcanzar ya el 22 por ciento de los egresados en 2019. Se trata de una cifra muy significativa que evidencia la creciente importancia del FSU en el fortalecimiento de los niveles de graduación universitaria.

Nuestra escuela en tiempos de pandemia

Las becas del FSU están destinadas a aquellos estudiantes universitarios que provienen de hogares sin medios suficientes para apoyarlos económicamente durante su carrera. No existen restricciones académicas al momento de solicitar la beca, pero sí para la renovación. En esa ocasión, los alumnos deben demostrar la aprobación de al menos el 50 por ciento de la totalidad de los créditos o materias cursadas en el año y la aprobación del 50 por ciento del total de créditos o materias cursadas desde el inicio de la carrera, mientras que para carreras técnicas el porcentaje de aprobación mínimo en ambos casos se reduce al 40 por ciento.

Es hora de dar en nuestro país un paso adelante para fortalecer una universidad orientada al futuro y más inclusiva. La igualdad de oportunidades no se puede lograr simplemente con discursos, ya que se requieren medidas concretas y efectivas. La adopción de un FSU podría ser una de ellas.


* Alieto Guadagni, director del Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano.

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Fuente: Perfil

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