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Rescatan al “buen ladrón”, crucificado con Jesús y primer santo de la historia

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Este párroco de la diócesis de Getafe, Madrid, es traductor y editor de la versión en castellano del libro El Buen Ladrón. Misterio de la Misericordia, del canadiense André Daigneault.

Este malhechor, de nombre Dimas, fue crucificado a la derecha de Jesús y ambos mantuvieron un diálogo que la Biblia recoge. Condenado como el Mesías a la crucifixión, el ladrón reconoció en su compañero de calvario al Hijo de Dios. Le rogó: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”. Y Jesús le hizo una promesa que no hizo a nadie más: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

El libro de Daigneault y Cárdenas contiene la mayor documentación reunida hasta ahora sobre lo que han escrito los Padres de la Iglesia y lo que han dicho los Papas, entre ellos Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, respecto a San Dimas.

El Buen Ladrón –explicó Cárdenas- fue “el primero que creyó en Dios de una manera excepcional, porque todos los apóstoles y los que siguieron a Jesús le creyeron por sus milagros, curaciones y signos, pero luego lo abandonaron y dejaron solo hasta la Resurrección. El Buen Ladrón no vio ningún signo, no vio a Jesús resucitado. Se encuentra con Jesús en el peor momento, pero es capaz de reconocer en Él al Hijo de Dios, por eso los Santos Padres no dejan de dar alabanzas a la fe de este hombre, que es irrepetible”.

Al principio, también Dimas insultó a Jesús, en el camino de la cruz, pero luego fue descubriendo quién era ese hombre acusado de blasfemo, y se dio cuenta de que, a diferencia de todos los blasfemos que había conocido en su vida, Jesús no mostraba odio ni resentimiento sino que perdonaba a sus enemigos.

Desde ese lugar de derrota y muerte que es la cruz, Dimas “encuentra la mirada de Jesús que entra en lo más profundo de su corazón, le revela el amor de Dios y él se aferra a la certeza de que ese amor es más grande que todos sus pecados, que todos sus crímenes, que todos sus errores”, explicó el padre Cárdenas.

Por eso San Dimas es el gran ejemplo espiritual de que la conversión es obra gratuita de Dios, de su misericordia, el rasgo divino que con más frecuencia evoca el papa Francisco. “Es el primer santo de la historia, es un prototipo de la santidad, el primero que entró en Su Reino. Por lo que se ve una revelación muy grande de la Misericordia de Dios que ha escogido al más perdido, a un ladrón, un criminal para revelarnos su misericordia y la bondad de Dios que salva hasta en el último extremo”, afirmó el editor del libro.

“La figura del Buen Ladrón –agregó- nos recuerda que cualquier persona con la peor vida que haya podido tener, hasta el último momento, puede santificarse, (…) porque la santidad no es el fruto de nuestras buenas obras, de nuestros esfuerzos, no es una construcción humana, sino un don de la Misericordia de Dios”.

Cárdenas rescató el lugar central que ocupa el relato del buen ladrón en la Pasión de Cristo, porque en él, “Jesús manifiesta por última vez en su vida terrena su predilección hacia los pecadores, incluso hacia el más perdido y extraviado de todos”. Por eso, tanto Cárdenas, como André Daigneault, encontraban inexplicable el olvido en el cual había quedado este primer santo del cristianismo.

“Desde el comienzo del cristianismo, los padres de la iglesia de Oriente lo tuvieron muy presente como testigo único de la misericordia de Cristo, como paradigma de la conversión, y como intercesor -dice Cárdenas-. Su veneración y su culto se fueron extendiendo en toda la Iglesia. Aparece mencionado en el Martirologio de Constantinopla ya en el siglo IX, y en el Jerusalén del siglo X. Desde tiempo inmemorial se celebra en las iglesias de Siria y de Iraq, y en todo el oriente cristiano. Hay testimonios de que su culto litúrgico se celebraba ya en el siglo XVI en todas las grandes iglesias de Europa”.

Las referencias históricas a la existencia de este ladrón vienen de los Evangelios: San Mateo y San Marcos dicen que Jesús fue crucificado junto a dos bandidos, “uno a su derecha y otro a su izquierda”. Y San Lucas relata el diálogo entre ellos: “Uno de los malhechores colgados lo insultaba: ‘¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!’ Pero el otro [Dimas] le respondió diciendo: ‘¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo hizo’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino’. Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso’.”

Los nombres de los dos ladrones –Dimas y Gestas- no están en la Biblia, sino que aparecen en un texto apócrifo de finales del siglo I llamado las Actas de Pilatos.

“El Buen Ladrón no necesitó ningún milagro porque fue canonizado por Jesucristo, fue santo porque Jesús le dijo: ‘Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso'”, subrayó Cárdenas.

Por ello, el libro se dirige a todos, creyentes o no, a los que han “fracasado”, se encuentran “perdidos”, sufren el rechazo de la sociedad o están “marcados por el dolor de la cruz” pero, de una manera especial, a quienes no conocen a Dios, como le ocurría al Buen Ladrón que finalmente, acabó “robando el cielo”.

Fuente: Infobae

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