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Suba de retenciones: una receta con límites y contraindicaciones

La inflación es la suba generalizada y persistente de los precios. El aumento de las retenciones al campo no frena la inflación.

Porque opera sobre en número reducido de productos. Y sólo durante un tiempo. Las señales de precios son determinantes para la inversión productiva. Cuando las retenciones al trigo, el maíz y la carne redujeron sus márgenes, los productores se volcaron hacia actividades más rentables.

Sucedió más de una vez en el pasado. La última, en los anteriores gobiernos kirchneristas. Los ganaderos liquidaron sus stocks. El país perdió 10 millones de cabezas. El número equivale al rodeo entero de Uruguay. Y llegamos a importar trigo para la industria molinera.

La oferta de los bienes que se pretendía abaratar se destruyó y los precios volvieron a dispararse.

Otro efecto fue la demonizada sojización del agro, que menguó la fertilidad del suelo por la menor rotación de cultivos. Perjuicio económico y perjuicio ambiental.

Las retenciones tampoco desacoplan los precios internos de los valores de exportación. A menos que se aplicaran retenciones móviles –como se intentó con la fallida Resolución 125–. Las alícuotas fijas, que se analiza volver a incrementar, bajan un escalón los valores que pagan los consumidores. Pero siguen fluctuando al ritmo de los precios internacionales. No se desenganchan.

El impacto bajista inicial es limitado. La incidencia de las materias primas del campo en los precios finales de los alimentos que llegan al mostrador es del 25 al 30%, en promedio.

Es muy inferior, por ejemplo, a la carga impositiva, como se apuraron a señalar dirigentes del agro. Tocaron un nervio sensible. Con el alza de retenciones el Gobierno también buscaría hacer caja. Lo necesita para financiar, al menos en parte, el gasto público que se pretende expandir en tiempos preelectorales.

Las retenciones y el dólar subvaluado que reciben los chacareros desalientan la inversión, que explica la explosión de productividad que tuvo el sector en las últimas décadas. Una locomotora que arrastró a numerosas actividades ligadas al campo, proveedores y clientes. Un estudio del IERAL constató que este conglomerado absorbe alrededor del 30% de la mano de obra ocupada en Córdoba. Tal, su relevancia.

Las retenciones que recauda la Nación y no coparticipa con las provincias productoras funcionan como una aspiradora de recursos del interior. Y dañan la más eficiente fábrica de dólares, necesarios para hacer funcionar las otras fábricas del país.

Las contraindicaciones son contundentes, sobre todo para el mediano y largo plazo. Pero si algo caracteriza al populismo es su propensión a sacrificar el futuro por las urgencias políticas del presente.

Fuente: Tribuna de Periodistas

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