Noticias

Un destino marcado por una adivina y tres hermanas sometidas por el delirio de su padre: la historia de The Shaggs, el peor grupo de la historia

Betty, Helen y Dorothy: The Shaggs
Betty, Helen y Dorothy: The Shaggs

Austin Wiggin era un niño más en la geografía pueblerina de New Hamphsire, en la costa este de los Estados Unidos a comienzos del siglo pasado. Sin mucho para hacer en un desolado poblado de menos de mil habitantes, encontraba atractivo sentarse con su madre para que le leyera las manos. En una de esas conexiones, la mujer le marcó tres cosas que iban a pasar en su vida, casi como una cadena de situaciones. Le dijo que se iba a enamorar de una mujer rubia, que iba dos hijos después de que ella muriera y que sus hijas haría un grupo musical que sería reconocido.

Las palabras quedaron retumbando en la cabeza de Austin, y a medida que iba creciendo, se fueron convirtiendo en una fascinación. Casarse y tener hijos podía ser lo que cualquier ciudadano medio de la américa profunda podría aspirar. Pero ser exitoso en la música, y si esa música era el rock and roll era una empresa que valía la pena intentar, más aún a medida que se iban cumpliendo las profecías. Un día conoció a Annie, una rubia de la que se enamoró y tuvo dos hijos, que su madre no llegó a conocer. Solo faltaba que llegaran las niñas y que tuvieran trascendencia con la música.

Austin y Annie finalmente tuvieron seis hijos: Dorothy, Betty, Helen, Rachel, Austin III, and Robert. Para sostener a la familia, el hombre trabajaba en un molino en Exeter y en cada viaje soñaba como torcer su destino y cumplir el de su madre. No tenía ningún tipo de conocimiento para convertir a sus hijas en estrellas de la música y empleó las tácticas más rudimentarias que se le ocurrieron. Una férrea disciplina casi militar y oídos sordos a los deseos de sus hijas. Aquella lectura de manos se había convertido en una obsesión.

Lejos de las delirantes ambiciones de su padre y ajenas a las prácticas quirománticas de su abuela, Dorothy, Betty y Helen Wiggin tenían los mismos sueños que cualquiera de las chicas de pueblo de la época: casarse, formar una familia, ser amas de casa. Los ecos de la liberación femenina no habían llegado todavía a sus oídos, esas cosas pasaban en la costa oeste o en las grandes ciudades. Y ellas, sin saberlo, se preparaban para vivir a contramano. En el mundo, los hijos se rebelaban a sus padres a partir de la música o de la política; con las minifaldas o los pelos largos. Pero dentro de la familia Wiggin, el rock and roll se iba a trasladar del padre a las hijas, aunque hablar de rebeldía en este caso sea casi una falta de respeto.

Las hermanas Wiggin, uniformadas como The Shaggs
Las hermanas Wiggin, uniformadas como The Shaggs

Para llevar a cabo la profecía de su madre, Austin decidió que las chicas no iban a ir más a la escuela y se iban a enfocar en la música. Dos veces por semana viajaban unos treinta kilómetros hasta Manchester para asistir a un profesor. El resto del tiempo lo pasaban con un régimen estricto, que combinaban con la educación formal por correspondencia y el descanso necesario para recargar energías. El grupo se oficializó en 1968 con el nombre de The Shaggs, inspirado burlonamente en los cabellos desprolijos de las chicas y en cierta raza de perros. Dorothy iba a ser cantante y guitarrista líder, Betty guitarra y coros y Helen en batería. No iban a tener bajo y eventualmente iban a sumar a Rachel y al resto de los hermanos.

El debut fue recibido a tomatazo limpio, pero las chicas no se amedrentaron ni Austin se los iba a permitir. Se hicieron locales en el ayuntamiento de Vermont, donde se presentaron con periodicidad, y sumaron otras actuaciones en escuelas y asilos de ancianos. Wiggin padre se envalentonó con lo que tenía en sus manos y consiguió un contrato para grabar un disco, aún a pesar del consejo del ingeniero de grabación que intuía que lo que escuchaba no tenía la entidad suficiente para ser plasmada en un álbum como una obra musical.

Pero más allá de la tenacidad de su padre y de la voluntad que podrían tener las chicas, en The Shaggs no había ningún atractivo genuino musical para la época. No contaban con ningún cerebro a la hora de componer, no había voces agradables al oído ni prolijos músicos de sesión, no tenían el empuje fuerte de una discográfica ni las tres hermanas vendían su imagen como otros grupos femeninos de la época. El título, “Philosophy of the world” (filosofía del mundo, publicado en 1969), era demasiado pretencioso para tres chicas de un pueblo de la costa este que perseguían la voluntad de su padre. La composición era responsabilidad de Dorothy, cuyas letras oscilaban entre la ternura hacia su mascota, el amor hacia sus padres y la inocencia temerosa respecto a eventos culturales como Halloween.

El único disco oficial del trío, publicado en 1969. Luego de separarse, editarían un compilado
El único disco oficial del trío, publicado en 1969. Luego de separarse, editarían un compilado

La crítica no tuvo piedad con el disco. Adjetivos como “desprolijo” y “primitivo” eran lapidarios en un contexto musical de experimentación constante y cada vez más sofisticado. ”No estábamos listas para publicar un álbum, recién estábamos aprendiendo música”, reconoció Dorothy, acaso tocada en su orgullo de compositora. En 1975, falleció papá Austin y al poco tiempo The Shaggs puso punto final a su experiencia. Dejó material grabado que se publicaría en 1982 en modo recopilatorio con el título de Shaggs own thing y permaneció como una broma de mal gusto, como un capricho de padre, como una excesiva muestra de autoridad de una época. Con el oprobioso mote de el peor grupo de la historia. El mágico paso del tiempo se iba a encargar de brindarles una segunda oportunidad.

El poco talento y el creciente desgano de las hermanas Wiggin para ejecutar sus instrumentos terminó siendo, quizás lo que las terminó reivindicando en el futuro. Ya entrados en los ‘80 Lester Bangs, el irreverente periodista de la Rolling Stone, las calificó como “mejores que Los Beatles”, parafraseando a John Lennon cuando había manifestado que los cuatro de Liverpool eran más grandes que Jesús. Luego, fue Frank Zappa, otro de los grandes ácidos del rock, que se sumó a las palabras del periodista.

Ya en los ‘90, Kurt Cobain, el malogrado líder de Nirvana ubicó a Philosophy of the world como el quinto mejor álbum de todos los tiempos. Géneros como el indie o el garage rock tuvieron en The Shaggs un faro pionero y la mirada retrospectiva, mucho más amigable que la contemporánea, las ubicó en un lugar de culto. Sus discos empezaron a cobrarse fortunas en las tiendas de usados y la leyenda de The Shaggs cambió de enfoque.

Uno de esos ejemplares cayó en las manos de Jeff Tweedy, por entonces empleado en una tienda de discos y futuro líder de Wilco. Le dio play y tuvo una sensación diferente, una evaluación genuinamente válida de lo que escuchaba. “Fue como descubrir una nueva y extraña clase de árbol”, las definió. Pasó el tiempo, se convirtió con su banda en uno de los músicos más interesantes de su generación y armó su propio encuentro, el Solid Sound Festival. A la hora de armar la grilla para el año 2017, se le apareció en su recuerdo aquel álbum de The Shaggs. Lo compartió con sus hijos, a quienes les encantó: había algo iniciático y cautivante en esa grabación, entre garagero y punk, un atractivo casi impúdico por lo sucio y desprolijo.

Betty y Dot en el Solid Sound Festival, invitadas por Jeff Tweedy
Betty y Dot en el Solid Sound Festival, invitadas por Jeff Tweedy

Tweedy inició la búsqueda de las tres hermanas Wiggin y no fue difícil ubicarlas. Después de un tiempo retirada de la música, Dot había vuelto a componer gracias al rescate de un grupo de fanáticos de The Shaggs, a partir de los cuales reinventó su vínculo con el arte. No ya desde una imposición paterna sino desde desde el amor genuino del fanático. Formó una banda, volvió a componer y en 2013 sacó Ready! Get! Go!, con inéditos de la primera época del grupo y nuevas composiciones. Betty se había animado a acompañarla en algunos conciertos y se ruborizaba cuando le pedían un autógrafo. Helen había fallecido en 2006.

Dot y Betty respondieron al llamado de Jeff y volvieron a subirse a un escenario el el 24 de junio de 2017 en el marco del Solid Sound Festival. Junto al grupo que acompañaba a Dot, se presentaron como The Shaggs y tocaron seis canciones. En su repertorio, incluyeron la oda a sus padres, a pesar de todo, y una nueva composición de Dorothy, “Banana Bike”, en memoria de Helen. Al menos por ese rato, por poco más de quince minutos, resolvieron unos cuantos asuntos familiares y fueron felices arriba de un escenario. Como lo había profetizado su abuela y a pesar de la obstinación de su padre.

SEGUIR LEYENDO:

Fuente: Infobae

Dejá una respuesta